Claudio Fantini
Claudio Fantini

El increíble giro de Kim Jong-un

Como era de esperar, Donald Trump y sus publicistas interpretan que el giro en la situación de la península coreana se debe a la presión del jefe de la Casa Blanca.

Las usinas que libran la titánica batalla por mejorar la imagen del magnate que gobierna Estados Unidos, explican que fueron las sanciones que impulsó lo que obligó a Kim Jong-un a acercarse a Corea del Sur y ofrecer el fin de su política nuclear, si se llega a un acuerdo con Washington.

Pero… ¿fue realmente así? ¿Es Trump el artífice del sorprendente giro dialoguista de Kim? También hay que preguntarse si de verdad Kim Jong-un está cediendo, o si en realidad está avanzando desde el principio según un plan que sigue el manual aplicado por su abuelo y su padre.

De haber un paso atrás (y es posible que así sea), lo más probable es que el mérito mayor lo tenga China. Pero antes de llegar a ese punto, corresponde subrayar que, efectivamente, el caso coreano parece dar un viraje que, hace sólo un par de meses, resultaba impensable.

En un puñado de días se pasó de una andanada de pruebas de misiles que surcaban el cielo de Okinawa y detonaciones atómicas que incluyeron una bomba termonuclear, a una seguidilla de gestos históricos que nadie esperaba. La participación norcoreana en los juegos de invierno y, sobre todo, la visita de Kim Yo-jong, la hermana de Kim Jong-un, a Corea del Sur, causaron perplejidad.

No era para menos. La última vez que un miembro de la familia Kim traspuso el paralelo 38 fue en 1950, cuando el fundador del régimen comunista entró con su ejército para invadir y anexionar el sur de la Península. Desde la guerra que terminó en 1953, ningún alto miembro del régimen había traspasado la frontera hasta que el Ilushyn II-62, avión norcoreano, aterrizó en el aeropuerto de Incheon. Una multitud incrédula vio bajar a la hermana del líder.

El régimen siempre escondió a las mujeres. Una excepción fue Kim Jong-suk, la primera esposa de Kim Il-sung. Pero que haya sido una figura pública se debe a que antes fue una heroína en la guerra con Japón.

En cambio Kim Yo-jong es solo, y nada menos, la hermana del líder actual y la nieta del creador del régimen. Ella llevó a Seúl la invitación para que una delegación surcoreana visite Pyongyang. Esa delegación recibió de Kim Jong-un la propuesta de negociar directamente con Trump el posible desmantelamiento de su arsenal nuclear. Si en esa cumbre Pyongyang consigue el cese definitivo de las maniobras militares marinas, aéreas y terrestres que realizan regularmente norteamericanos y surcoreanos, incluido el Plan de Operaciones para una invasión terrestre, entonces lo de Kim Jong-un no habrá sido una marcha atrás, sino el arribo al verdadero objetivo buscado desde un principio, siguiendo el mismo método que seguían su abuelo y su padre: generar picos máximos de tensión para finalmente negociar y obtener lo pretendido. En caso de que el objetivo de la escalada haya sido, de verdad, convertir a Corea del Norte en una potencia nuclear, entonces sí, lo que hace es una tremenda marcha atrás. Pero, en ese caso, las presiones que habrían hecho retroceder a Kim Jong-un no serían las sanciones de la ONU aplicadas por iniciativa de Trump. La economía norcoreana sólo es vulnerable a la presión china.

Al comprar más del 90% de lo que exporta Pyongyang y al ser el único proveedor del petróleo que mueve la economía norcoreana, China es la única potencia que puede apretar la yugular de ese régimen ermitaño.

Xi Jinping habría decidido hacer lo que no habían hecho sus antecesores, cuando Kim Jong-un hizo matar a su hermano, Kim Jong-nam, en el aeropuerto de Kuala Lumpur. El asesinado era la carta de china para reemplazar al actual líder norcoreano y el crimen fue un gesto desafiante que Xi decidió no tolerar.

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