Claudio Fantini
Claudio Fantini

El fósforo y la nafta

El cerco se iba cerrando. La acumulación de pruebas y confesiones anunciaba el inminente procesamiento de Cristina Kirchner. La decisión del juez plantea el tema de la prisión preventiva. Desde entonces, la libertad de la expresidenta queda en manos de los legisladores peronistas.

El senador Miguel Pichetto ya dijo que su bloque no concederá el desafuero. El macrismo se rasgará las vestiduras y acusará a los senadores peronistas de encubridores que convierten el Congreso en una guarida. Pero más allá de sus expresiones públicas, el oficialismo sabrá que, manteniéndola en libertad, Pichetto también le hace un favor al gobierno.

En un trance económico tan delicado como el actual, la detención de Cristina podría resultar sísmica. En el imaginario kirchnerista, moldeado por un eficaz aparato de propaganda, será una "presa política" cuyo encarcelamiento es parte de "un plan" para "destruir el movimiento nacional y popular". En ese "relato", Cristina será una víctima más del proceso de desmantelamiento del eje bolivariano que encarceló a Lula en Brasil y que, en Ecuador, procura llevar a prisión a Rafael Correa.

Los casos son totalmente diferentes, pero en la argumentación de la propaganda K son parte del mismo movimiento de pinzas cuyo objetivo es atenazar la región a los designios de Washington a través de dirigencias neoliberales.

Ese razonamiento deja de lado los juicios y prisiones de gobernantes liberales en Perú, así como los juicios y prisiones de presidentes derechistas centroamericanos. De todos modos, la situación económica que está asfixiando a las clases medias y bajas de Argentina potenciará esa lectura de los hechos si Cristina quedara en prisión preventiva durante el proceso por corrupción.

El duro ajuste que se está efectuando, su impacto en el consumo y el empleo, además de la sensación cada vez más extendida de que el país avanza sin metas claras hacia un círculo vicioso de aumento de tarifas y precios sin que aparezca, de momento, una luz al final del túnel, conspira contra una percepción social equilibrada de las razones que llevaron a la expresidenta al banquillo de los acusados. En las actuales circunstancias no puede ser de otro modo.

Si los cálculos que Macri presentó en su campaña electoral y en el primer tramo de su gestión hubiesen sido correctos, hoy Argentina tendría un despegue económico vigoroso, basado en la inversión privada. Pero la realidad está en las antípodas de aquellos cálculos y anuncios. Inflación, deuda y caída del consumo producen incertidumbre y descontento, el combustible de los estallidos sociales. Y Cristina necesita que ese combustible estalle en llamas que devoren al gobierno entero.

El estallido social y la caída del gobierno aparecen como la única y última posibilidad que tiene la expresidenta para intentar eludir el destino judicial que le depara el océano de pruebas en su contra.

Su detención, en el marco de semejante crisis, podría ser el fósforo que encienda las llamas. Mauricio Macri lo sabe.

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