Claudio Fantini
Claudio Fantini

Dudas entre las cenizas

Mientras Notre Dame ardía ante los ojos atónitos del mundo, no hubo una sola comunicación oficial que mencionara la posibilidad de un sabotaje entre las hipótesis sobre el origen de las llamas.

Si esa posibilidad hubiese sido planteada, se explicaría mejor la versión oficial que se dio como conclusión final, mientras recién comenzaban las indagaciones, afirmando que el fuego no fue iniciado de manera intencional sino meramente accidental.

O sea que la primera mención a una posible acción intencional recién apareció, siendo descartada, en la versión final que se dio oficialmente. Si la posibilidad de un sabotaje hubiera figurado desde el principio, como de hecho ocurrió en muchos medios de comunicación franceses, la versión final resultaría más creíble.

Así las cosas, de lo que se puede estar seguro es que, por una razón atendible, el Estado francés decidió no propalar la hipótesis de una acción intencional con el objetivo de no incentivar acciones similares por parte del vandalismo organizado, y con posible orientación ideológica, que lleva tiempo atacando iglesias en Francia.

De hecho, en el Servicio Central de Inteligencia Criminal (CSRC), todavía está en pie la sospecha de que las llamas que consumieron un puñado de semanas atrás buena parte de Saint-Sulpice, la iglesia en la que se filmaron partes claves de “El Código Da Vinci”, podrían haber sido provocadas por un sabotaje.

Es raro que ocurra “accidentalmente” un incendio en un país plagado de ataques a templos cristianos. Fue un sabotaje lo que incendió la basílica de Saint-Denis, otra iglesia parisina que se acerca al milenio. Y se cuentan por decenas los templos católicos atacados en lo que va de esta década.

Sucede que Francia es un país con una historia fuertemente ligada al catolicismo y, al mismo tiempo, el país europeo de mayor tradición de secularismo militante y anticlerical.

Como un dios Jano, las dos caras contrapuestas de Francia son el país de San Luis, el rey monje y cruzado, y el país de Voltaire, el filósofo que denunció la intolerancia religiosa y llamó a rebelarse contra el clero.

La misma Francia en la que Bossuet elaboró teorías teológicas justificando el absolutismo y donde gobernó el cardenal Richelieu en los tiempos de Luis XIII, es también el país donde la Revolución Francesa atacó Notre Dame por primera vez y sentó las bases para la constitución más radicalmente laica de Europa.

El país donde estuvo el papado de Aviñón es el mismo país donde la Comuna de París atacó nuevamente la catedral en la que fue beatificada Juana de Arco, fundando un anticlericalismo militante que abrazó el ateísmo sartreano y el particular agnosticismo de Lacan, pero también atravesó por periodos en los que se entregó a la violencia, como estos años en los que muchos templos católicos han sido blanco de su furia.

La eterna pulseada entre la Francia que fue el centro de la teocracia medieval y la Francia del laicismo más vigoroso de Europa, explica esta ola de ataques vandálicos contra iglesias francesas. Y quizá también explique la razón por la cual la versión oficial sobre el incendio recién incluyó la hipótesis del sabotaje cuando, vencido el fuego, lo dio por descartado.

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