Claudio Fantini
Claudio Fantini

El dios Jano ecuatoriano

El dios Jano ecuatoriano vuelve a asomar sus rostros contrapuestos.

Como la deidad de los romanos, hay dos países mirando hacia horizontes diferentes. El Ecuador de la costa, con su centro vital en Guayaquil, es predominantemente blanco de origen europeo. A sus espaldas, el Ecuador de las montañas, con su corazón en Quito, expone la variedad de pueblos originarios que conviven en el país.

Guayaquil es la capital financiera y Quito el centro de la burocracia estatal.
Que el gobierno de Lenin Moreno haya tenido que salir de Quito para refugiarse en Guayaquil es una muestra de esa eterna confrontación.

Aunque no todas las crisis que han sacudido a Ecuador tienen que ver con las pulseadas de los países contrapuestos. Hubo momentos traumáticos con otras causas, como el secuestro del presidente Febres Cordero por militares leales al general Vargas Pasos en la década del 80, o la Guerra con Perú en la Cordillera del Cóndor que inició el presidente Durán Ballén en los ’90.

No obstante, desde finales del siglo pasado los conflictos han tenido que ver, de un modo u otro, con los “dos países” difíciles de conciliar. Y en el ojo de la tormenta siempre aparece alguna reforma relacionada con el FMI o con la visión más dinámica de la economía que impulsa el país de la costa, en choque con las organizaciones indígenas y sindicales del país de las montañas.

Abdalá Bucaram era mesiánico, delirante y grotesco, pero entre las razones de su caída en 1996, estuvieron sus anunciadas privatizaciones y sus ajustes tarifarios detonando las protestas de los sindicatos y la poderosa Confederación de Nacionalidades Indígenas de Ecuador (CONAIE). La convulsión social allanó el camino a la embestida política que lo destituyó por “incapacidad mental para gobernar”.

La caída de Jamil Mahuad tuvo que ver con la resistencia de la CONAIE y los sindicatos al salvataje de bancos en una crisis financiera que derivó en el remplazo de la moneda nacional por el dólar estadounidense.

Lucio Gutiérrez cerró su alianza con la CONAIE precisamente durante la embestida de la organización indígena y un grupo de oficiales que derribó a Mahuad. Los militares le reprocharon la instalación de una base norteamericana en Manta. Pero también el gobierno de Gutiérrez acabó girando hacia políticas de ajuste acordadas con el FMI. Por eso se rompió su alianza con el movimiento indígena Pachakutik y terminó cayendo a la mitad de su mandato.

La poderosa CONAIE estuvo en las protestas que lo derribaron junto a los sindicatos y los partidos que denunciaban, además, su giro autoritario.
Rafael Correa logró el récord de dos mandatos, pero cuando los precios del petróleo debilitaron su economía, firmó contratos en la minería y la producción petrolera que fueron duramente resistidos por CONAIE por involucrar territorios indígenas.

Ahora, CONAIE es parte de la rebelión contra Lenin Moreno. Y más allá de las culpas y responsabilidades que pueda tener el presidente y de su propensión a culpar de todo a su antecesor y mentor, los constantes mensajes que Rafael Correa envía desde Bélgica evidencian su excitada ansiedad de ver arder en esta hoguera al gobierno del ex aliado que devino en archienemigo.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)