Claudio Fantini
Claudio Fantini

Déficit de autocrítica

Mostró una actitud distinta. Manejó de otra manera las pausas y los énfasis. Pero en algunas cuestiones sustanciales, Mauricio Macri repitió falencias. Por caso, una descripción de las causas del tembladeral en la que el peso recae sobre los factores externos y sobre la demagogia oportunista que han mostrado muchos dirigentes opositores, a lo que se sumó el "efecto cuaderno" que le mostró al mundo la radiografía del gigantesco y voraz tumor de corrupción que ha padecido la Argentina.

Todo eso es parte de la explicación, pero si el gobierno tuvo que encerrarse un fin de semana en la quinta presidencial de Olivos a reinventarse y volver sobre sus pasos en muchas de sus políticas y convicciones, es porque ha cometido muchos más errores que los tímidamente admitidos, y porque, hasta la eyección del dólar hacia la estratósfera, todo el gabinete estaba más desconectado de la realidad que con los pies en la tierra.

El discurso del presidente tuvo más gesticulación que contenido profundo. También tuvo más señalamientos de las culpas ajenas que admisión de las culpas propias. Una faltante que, en esta instancia, expresa negligencia y la persistencia del ensimismamiento que arrastró al gobierno hasta estas encrucijadas.

Por cierto, la autocrítica es un déficit que no tiene solo el gobierno de Macri. El kirchnerismo recurre a sus conocidas ecuaciones ideológicas para liberarse de toda culpa satanizando al "macrismo neoliberal", mientras el resto del peronismo actúa como si no tuviera nada que ver con la patológica debilidad económica y la desconfianza que el mundo le tiene a la Argentina. Los medios de comunicación electrónicos cubren los sismos financieros con un sensacionalismo frenético que potencia el pánico social y las escaladas del dólar. La especulación política y periodística es la regla, no la excepción. También lo son la irresponsabilidad y el oportunismo. La justicia, la prensa, las dirigencias sectoriales, la casi totalidad de los políticos y el gobierno que encabeza Macri, son los componentes de una ecuación con resultado negativo. Todos debieran hacer una autocrítica de dimensión oceánica y nadie la hace. Argentina es el país donde todos señalan con dedo acusador y nadie se golpea el pecho. Pero ayer, en su discurso, el que tenía más obligación de golpearse el pecho que de apuntar el dedo acusador, era el presidente. No lo hizo.

Anunció medidas significativas pe-ro menos que las esperadas. Y sobre la reformulación del gobierno eliminan-do y fusionando ministerios, llama la atención que en un equipo que cometió tantos errores, el "director téc-nico" haya realizado más cambios de posición y de roles, que cambios de jugadores.

Con la misma gente, Macri empieza otro partido. Los ojos del país siguen puestos en el dólar.

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