Claudio Fantini
Claudio Fantini

El David yemení

El nombre de un país remoto y pobre aparece junto al ataque que hizo saltar el precio del crudo, acrecentando el riesgo de recesión mundial: Yemen.

¿Pudo una milicia yemení lanzar el peor ataque sufrido por Arabia Saudita? ¿quiénes son los que se adjudican haber dañado la mitad de la producción petrolera saudí?

Yemen atravesó la historia dividido. Primero, lo dividió el imperio otomano y el colonialismo británico. Los procesos de independencia en ambas porciones dejaron un estado comunista en el sur y otro anticomunista en el norte. Y desde la unificación, en 1990, impera la división étnica.

La mayoría de la población es sunita y se integra en la etnia Shafi, mientras un tercio es chiita y se aglutina en la etnia Zayid.

Poco después de la unificación, el clan más poderoso entre los zayidíes se levantó contra el gobierno de Alí Abdulá Salé.

Housein Badredin al Huti comandó la milicia que derrocó al déspota, con quien más tarde se aliaría y al que finalmente asesinó. Desde que Badredin fue abatido en 2004, a los hutíes los lidera su hermano Abdul Malik.

Irán, la potencia chiita, asiste a los chiitas yemeníes, mientras Arabia Saudita, la abanderada del sunismo, ayuda al régimen encabezado por Mansur Hadi.

Yemén se convirtió, de ese modo, en el escenario de un enfrentamiento mayor: el de sauditas e iraníes.

El chiismo yemení tiene diferencias teológicas con los demás chiismos; por caso desconocer al quinto imán alabado por los chiitas. Lo reemplazan por Zaid ben Alí, azote de los omeyas en el siglo VIII. No obstante, en la división cismática del mundo musulmán, los zayidíes están en la vereda de Irán.

El avance de la milicia chiita que sacó a Mansur Hadi de Yemen, determinó en el 2015 la intervención directa del reino saudí y de Emiratos Arabes Unidos. Pero ni esa intervención externa, con sus masivos bombardeos y sus impiadosos bloqueos, impidieron que los hutíes ganaran territorios hasta controlar Sana, la capital, y el estratégico puerto de Hodeida.

La milicia puso en retirada a las fuerzas emiratíes y, ahora, reivindica la destrucción de la mayor refinería del mundo y del segundo campo más grande de producción petrolera.

Estupefactos ante semejante ataque, Washington y Riad insinúan que lo ejecutó Irán. Está claro que, de haber sido los hutíes, sólo pudieron hacerlo con la tecnología iraní. Pero eso no implica que el bombardeo haya sido iniciativa de Irán. A menudo actúan sin consultar a Teherán o incluso contrariando su voluntad.

También es posible que no haya sido el gobierno iraní, que llevaba adelante contactos con la Casa Blanca para iniciar negociaciones sobre el acuerdo nuclear.

No sería la primera vez que una facción ultramontana sabotea intentos negociadores. Ocurrió por primera vez en 1979, con la ocupación de la embajada norteamericana para boicotear los contactos entre el premier moderado Mahdi Barzagán y el consejero Zbigniew Brzcecinski. Y puede haber ocurrido ahora, mediante el ataque más humillante y devastador contra el Reino Saudí.

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