Claudio Fantini
Claudio Fantini

Una cuenta regresiva inquietante

Cuando Gran Bretaña cedió la soberanía de Hong Kong a China, en realidad la estaba devolviendo.

Los tratados firmados en Nankín, en 1842, y en Pekín, en 1860, así como también el convenio que extendió el control británico sobre Kowloon y los Nuevos Territorios, eran acuerdos con fecha de vencimiento. Ergo, cumplido el periodo acordado, que fue de 99 años, Londres debía restituir Hong Kong y las tierras añadidas.

Los contactos para la restitución comenzaron con un viaje a Pekín del gobernador de la isla, Murray MacLehose en 1979 y los continuó el enviado de Margaret Thatcher, ex premier Edward Heath, en la primer mitad de los ochenta.

El logro de “la Dama de Hierro” fue que se garantizara la continuidad del régimen económico y político del periodo colonial. Pero el compromiso asumido por China también tenía vencimiento. Durante cincuenta años, la continuidad institucional estaba garantizada. Lo que ocurra después dependerá de China.

A medida que se acerca esa fecha de caducidad, aumenta la inquietud de los hongkonitas. Desde ayer, sólo faltan 22 años para que Hong Kong pase a estar gobernada directamente por el Partido Comunista. Y a medida que corra el calendario, crecerá el temor de sus habitantes. A diferencia del resto de los chinos, ellos no han conocido el totalitarismo que impuso el régimen de partido único.

Probablemente, Thatcher había confiado exageradamente en el proceso de apertura y reformas que impulsaba Deng Xiaoping cuando negoció con él la devolución en 1997. Para el viejo líder reformista, Hong Kong era la posibilidad de avanzar hacia el capitalismo, comenzando por la fórmula “un país, dos sistemas”.

La primer ministra tory creyó que esa fórmula garantizaría para siempre la institucionalidad y el modelo económico de la isla. Y que sería el resto de China la que se “hongkonizaría”.

No estaba tan equivocada. De hecho, cuando Deng planteó la fórmula un país dos sistemas, esperaba imponerla también (y lo hizo) en toda China. Pero no estaba pensando en la democracia, sino sólo en la economía. A Thatcher le quedó claro un par de años después de la devolución, cuando Li Peng envió los tanques a Tiananmén.

Con la masacre de 1999 se cerró la apertura política para mantener abierta la economía. Esa apertura está garantizada en Hong Kong aún después de que expire el periodo que comenzó a correr en 1997.

Lo que no está garantizado es la continuidad de las libertades individuales y públicas.

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