Claudio Fantini
Claudio Fantini

Centroderechas en caída libre

España y Estados Unidos son los países del norte occidental donde las centroderechas se están derrumbando. No son los únicos.

En Francia, el gaullismo y el centro liberal que lideraba Jacques Chirac parecen al borde de la extinción, Macron saltó de la centroizquierda al centro para contener el avance ultraderechista que lidera Marine Le Pen y, en Alemania, habrá que ver si el nuevo líder democristiano Armin Laschet, logra mantener en pie la centroderecha tras la retirada de su mejor exponente en Europa: Angela Merkel.

Pero en estos días, las postales más patéticas de descalabro en la derecha moderada llegan desde España y los Estados Unidos. Las confesiones del ex tesorero del partido Popular (PP) Luis Bárcenas extienden la mancha de la corrupción hasta Mariano Rajoy, acercándose a José María Aznar.

Tan carcomida de indecencia parece estar la centroderecha española que, en una jugada desesperada, Pablo Casado decide mudar la sede partidaria, buscando algún modo de alejarse de la contaminación dejada por las dirigencias anteriores. Pero no lo ayuda el vergonzoso caso de Cristina Cifuentes. La dirigente conservadora que presidió la Comunidad de Madrid, fue absuelta en el juicio por el máster que le concedió de manera fraudulenta la Universidad Rey Juan Carlos. Aunque la absolución fue peor, porque el proceso probó el delito académico y condenó a una colaboradora suya y a una profesora de la universidad en cuestión, liberando a Cifuentes porque no había pruebas de que ella hubiera presionado a la casa de altos estudios.

Dos personas pagarán con la cárcel haber cometido un fraude académico, mientras la beneficiada por esa acción sale judicialmente ilesa, aunque políticamente destrozada, dañando también a su partido.

La debacle del PP en las urnas catalanas es parte de los estragos causados por la corrupción conservadora. A eso se suma al desastre electoral sufrido también en Cataluña por el otro partido centroderechista: Ciudadanos.

Paralelamente, en Estados Unidos, el voto de la mayoría de los senadores republicanos absolviendo a Donald Trump en el impeachment, dejó al viejo partido de los conservadores al borde de convertirse en una fuerza ultraderechista a la sombra de un liderazgo personalista.

Minutos antes de cometer una masacre en el Wal Mart de la ciudad de El Paso, el hombre que había manejado nueve horas desde Dallas para disparar a mansalva contra gente indefensa había justificado el crimen que cometería parafraseando a Trump sobre una “invasión de hispanos”.

Aquellas 23 muertes tuvieron que ver con el discurso del mandatario: “los mexicanos son asesinos y violadores” que “invaden” Estados Unidos. Por entonces, era posible que el irresponsable presidente no supiera lo que podían provocar sus desmesuras. Pero los siete muertos, además de la oscura mancha en la imagen de Estados Unidos, que dejó el asalto al Capitolio, caen de lleno sobre el líder que intentó destruir una elección.

Por especulación política, o por cobardía ante la violencia de los fanáticos, la mayoría de los conservadores de la cámara alta lo absolvió sabiéndolo culpable. Los senadores que le permitieron salir políticamente impune, rindieron el Partido Republicano ante el extremismo violento.

Quizá pueda salvarlo desde adentro el debilitado sector moderado de la dirigencia. Pero si no lo logra, habrá una escisión. Los moderados emigrarán y crearán un nuevo partido que exprese a la ahora minoritaria centroderecha norteamericana.

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