Claudio Fantini
Claudio Fantini

El largo brazo del chavismo

Avalar un informe sobre violaciones a los Derechos Humanos en Venezuela y calificar de “autoritario” al régimen de Maduro fue para Alberto Fernández y su canciller, Felipe Solá, como meter el dedo en el enchufe.

La potente descarga les llegó desde el sector más poderoso del propio oficialismo: el kirchnerismo.

¿Cómo se explica que, en plena pandemia y con una crisis económica tan grave, al oficialismo lo divida Venezuela? ¿Por qué un régimen esperpéntico tiene tanta gravitación sobre el sector que lidera Cristina Kirchner?

Víctor Hugo Morales humilló al presidente por haber avalado una nueva denuncia de la ONU al chavismo que impera en Caracas. Después Alicia Castro, cuadro diplomático que responde a la vicepresidenta, le salió con los tapones de punta al canciller por haber dicho que en Venezuela hay autoritarismo.

El informe del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos lleva la firma de Michel Bachelet y cuestiona también las sanciones económicas por su efecto sobre la sociedad, pero la artillería kirchnerista lo mismo disparó una ráfaga de ofensas a Alberto Fernández. Y Felipe Solá se había cuidado de no usar la palabra “dictadura”, pero igual recibió una fuerte descalificación.

El carácter autoritario del régimen y sus violaciones a los Derechos Humanos constituyen una realidad objetiva. Se puede rechazar una invasión y repudiar las sanciones económicas, pero no se puede negar lo que está a la vista.

Con Hugo Chávez en la presidencia, Venezuela tenía una democracia “mayoritarista”: el gobernante contaba con el apoyo mayoritario, pero actuaba de manera excluyente con los opositores y los críticos.

Tras la muerte del exuberante líder caribeño comenzó la deriva hacia un autoritarismo minoritario. El primer paso fue impedir el referéndum revocatorio que había pedido la oposición y para el cual cumplimentó los requisitos establecidos por la Constitución Bolivariana.

El segundo paso fue la elección fraudulenta para continuar en el poder. Como la última elección legislativa, la única que no fue cuestionada por observadores internacionales, dio una victoria abrumadora a la oposición, el régimen se apropio del consejo electoral y realizó comicios amañados.

El tercer paso, que implicó la consolidación total del autoritarismo, fue la anulación del Poder Legislativo. La Asamblea Nacional con mayoría opositora, siguió existiendo pero el gobierno le practicó una vasectomía institucional que le impidió legislar. Que haya un congreso no quiere decir que haya poder legislativo. Para que haya Poder Legislativo el congreso debe legislar. Y eso es lo que no puede la Asamblea Nacional desde que el régimen la bloqueó.

El siguiente paso fue imponer una asamblea constituyente que no se abocó a crear una constitución o reformar la vigente, sino a cumplir el rol de la Asamblea Nacional en lo referido a contratos y convenios con otros países.

¿Qué es lo que no se entiende de este trayecto hacia el autoritarismo? Quienes no quieren ver lo evidente, podrían al menos ver el centenar y medio de muertos que dejó la represión a las masivas protestas. En el kirchnerismo permiten que se acuse de asesino a Felipe Solá por el asesinato de los activistas Kosteki y Santillán, pero no permiten que se hable de los asesinados por la represión en Venezuela. Tampoco permiten que el gobierno avale denuncias de cárceles colmadas de presos políticos, torturas en el Helicoide (cuartel general del SEBIN) y la censura que incluyó el cierre masivo de medios críticos.

Hablar de autoritarismo no es atacar, sino describir. La casta militar que impera llevó a PDVSA y al Estado a la bancarrota, hundiendo a la sociedad en una miseria que, sumada a la represión y las persecuciones, causó una diáspora de dimensiones bíblicas. ¿Cómo es posible que haya quienes no vean algo tan visible?

Que en medio de una pandemia, con la economía en caída libre y desafíos como el de la deuda, en el oficialismo se dividan por Venezuela, resulta increíble y plantea una pregunta inquietante: ¿Qué poder tiene sobre el kirchnerismo el régimen que carcome a Venezuela? ¿cómo logra que el sector liderado por Cristina Kirchner lo siga defendiendo, al precio de encubrir violaciones a los Derechos Humanos y cataclismos sociales?

Quizá la respuesta es que lo logra del mismo modo que logra apoyo o silencio cómplice en dirigencias y gobiernos sobre los que llovieron dólares oscuros; como los que viajaban en las valijas de Antonini Wilson.

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