Claudio Fantini
Claudio Fantini

Brasil y el antisistema

Los mercados pueden recelar de candidatos centroizquierdistas como Fernando Haddad y Ciro Gomes. Prefieren un liberal como Geraldo Alckmin antes que partidarios de un capitalismo con Estado que regula demasiado y gasta mucho en políticas sociales.

Pero si la alternativa real a los candidatos del PT y del PDT no es el exgobernador de San Pablo sino un personaje vulgar y gris que logró avanzar con un discurso violento, delirante y racista, los mercados muestran su instinto de supervivencia y giran hacia lo que evite dejar el timón en manos de un timonel impredecible.

Las encuestas no preocupaban a los mercados y a la parte de la sociedad brasileña que defiende la moderación y el pluralismo, mientras mostraban un techo que impediría el triunfo a Jair Bolsonaro en la segunda vuelta. Hasta ahí, como Carlos Menem en el 2001, el dueño de un discurso basado en el odio y la violencia era el seguro ganador de la primera ronda, pero también el seguro derrotado en el ballotage.

Sin embargo, las últimas encuestas evidencian que ese techo de granito inexpugnable puede convertirse en un tinglado frágil que volaría ante un vendaval de demagogia anti-sistema como el que está recorriendo el mundo. Que una potencia regional como Brasil pudiera quedar en manos de un demagogo delirante que juega con la idea de masacrar, rinde culto a las armas y destila desprecio hacia las minorías raciales y sexuales, empezó a preocupar también a los mercados. No sólo el Brasil que concientizó el valor de los derechos humanos, el Estado de Derecho, las libertades y la racionalidad política; también el que refleja el interés de los inversores comenzó a percibir que habría más certidumbre y mejor clima económico con gobiernos de centroizquierda que con la presidencia en manos del hombre que, al votar por la destitución de Dilma Rousseff, dedicó su pronunciamiento al militar que la había torturado en prisión. A ese demagogo violento lo acompaña en la fórmula el general Hamilton Mourao, quien fue separado del Comando Militar del Sur en 2015 por haber hecho una apología del coronel Brilhante Ustra, paradigma del torturador durante la dictadura militar.

El riesgo de que el autor de propuestas descabelladas, como sacar a Brasil de Naciones Unidas, plantea la posibilidad de una segunda ronda como las que se dieron en Francia cuando, en 2002, toda la centroizquierda votó a Chirac para evitar el triunfo de Jean-Marie Le Pen, y en 2017, cuando gran parte de la derecha votó a Macron para que no llegara a la presidencia Marine Le Pen. Todavía es posible que eso ocurra en Brasil. Pero si Trump llegó al Despacho Oval, Rodrigo Duterte impera en Filipinas y Matteo Salvini es el hombre con más poder en Italia, también es posible que el fantasma del anti-sistema se materialice en las urnas brasileñas.

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