Claudio Fantini
Claudio Fantini

Boris entre el todo y la nada

Finalmente, el Reino Unido termina decidiendo en una elección lo que debiera decidir en otro referéndum: su salida o no de la Unión Europea.

Boris Johnson llega con algunas ventajas. La primera es el radicalismo de su principal contrincante. Al presentar su programa de gobierno, Jeremy Corbyn confirmó un izquierdismo demasiado radical como para no arriesgar el apoyo de la clase media.

También favorece al primer ministro la fragmentación de los votos opositores. Mientras que Nigel Farage y su Partido del Brexit decidieron articular con el Partido Conservador su participación en la elección de hoy, para no dividir el sufragio que busca el “leave”, el universo favorable al “remain” se dividirá entre el Partido Laborista, el Partido Liberal Demócrata, el Partido Verde y los partidos nacionalistas de Escocia y Gales.
En muchas circunscripciones, aún siendo mayoría los partidarios de la permanencia, la fragmentación puede dejar el escaño en manos de un candidato de la salida.

Además Johnson tiene a su favor representar algo concreto y contundente, el Brexit. En cambio el líder laborista se ha caracterizado por la ambigüedad. Corbyn fue más partidario de abandonar la UE que de permanecer en ella, pero al quedar claro que el Brexit no era tan simple e indoloro como lo habían descripto sus impulsores en la campaña del referéndum del 2016, empezó a acercarse a la vereda opuesta. Y aún en esa nueva posición, su propuesta es difusa.

De llegar al 10 de Downing Street, Corbyn haría un nuevo referéndum, algo coherente con el objetivo de permanecer en la UE, pero las opciones no serían Brexit o Remain, sino Remain o un Brexit con permanencia en la unión aduanera y en el mercado único.

Esta propuesta es la más completa de todas las que existen, sin embargo. para el gran electorado y sus ansiedades al respecto, resulta la más compleja.

En el terreno opuesto al Brexit, resulta más aceptable que la promesa de la líder liberal-demócrata Jo Swinson, quien de ganar y convertirse en primera ministra, lo cancelará sin que otro referéndum legitime su supresión.

Otra debilidad de Jeremy Corbyn es que la jefa del gobierno escocés, Nicola Sturgeon, condicionaría su apoyo a un gobierno laborista a que éste autorice un nuevo referéndum sobre la secesión de Escocia.

La diversidad y las complejidades del universo anti-Brexit favorecen a Boris Johnson. Pero su triunfo no está asegurado, porque necesitaría obtener la mayoría absoluta y contra esa posibilidad atentan varias cuestiones. La primera es que los hechos pusieron en evidencia la demagogia de su campaña en el referéndum del 2016.

La realidad no fue la salida simple y colmada de beneficios que había descripto, sino el extravío en un tortuoso laberinto. Una señal más de que Johnson es diletante y demagógico.

Cuando involucró a la reina en un intento de eludir al Parlamento, Johnson también demostró que sitúa su liderazgo por encima de la institucionalidad. Y mostró un caudillismo inédito en el Partido Conservador, al expulsar de sus filas a los legisladores tories que le votaron en contra.

Por primera vez desde su creación en el siglo 19, esa fuerza política es conducida por un liderazgo personalista y vertical, semejante a los populismos latinoamericanos.

Finalmente, contra la mayoría absoluta que necesita atentan otros riesgos que afrontaría el país si abandonara la UE. Por ejemplo, la secesión de Escocia y el crecimiento en Ulster de la voluntad de reunificación con la República de Irlanda.

Nada menos que el peligro de que deje de existir el Reino Unido de la Gran Bretaña.

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