Claudio Fantini
Claudio Fantini

Boris el terrible

Si bien las diferencias son oceánicas, Boris Johnson y Winston Churchuill tienen rasgos en común. Los dos fueron periodistas y ascendieron al liderazgo del Partido Conservador con buena parte del establishment tory en contra.

Que Churchill llegara al 10 de Downing Street parecía imposible debido al desastre que implicó la batalla de Galípoli. Había sido un promotor protagónico de aquel enfrentamiento de 1915 en el Estrecho de los Dardanelos, que terminó en bochornosa derrota para las fuerzas británicas.
Fue su acertado diagnóstico sobre la monstruosidad de Hitler lo que lo catapultó al cargo de primer ministro.

Sin compararlo con Churchill, cuya brillante escritura le valió un Nobel de Literatura, Boris Johnson también se hizo conocido por escribir. Y sin equiparar sus artículos en el Daly Telegraph con las crónicas de guerra de Churchill y, mucho menos, con lo que implicó haber vaticinado el peligro que representaba el Tercer Reich, fueron las notas que Boris Johnson redactaba como corresponsal en Bruselas las que lo convirtieron en uno de los impulsores del euroescepticismo británico.

Aquellos artículos en los que describía despectivamente a los burócratas de Bruselas y a Jacques Delors, a quien acusó de pretender un poder desmesurado para la Comisión Europea, también incluyeron falsedades escandalosas. Volvió a mentir con las cifras que incluyó en su campaña por el Brexit en el referéndum del 2016.

La historia del siglo 20 muestra el aporte de sir Winston Leonard Spencer Churchill a la supervivencia de Europa. La historia del siglo 21 revelará lo que implique la llegada al poder Alexander Boris de Pfeffel Johnson.

En principio, de cumplir con lo expresado desde que comenzó a fustigar al ex primer ministro David Cameron para que Londres se desconecte de Bruselas, podría causar un caos calamitoso. Sucede que las posibles salidas prolijas de la Unión Europea fueron las acoradas por Theresa May con la cúpula comunitaria, que Johnson bombardeó, utilizando incluso su propia renuncia como titular del Foreing Office.

De ese modo, el extravagante dirigente conservador que se destacó como alcalde de Londres, pasó a ser el adalid del “hard Brexit”, o sea la desconexión brusca y sin acuerdo, para el caso de que la UE no acepte las condiciones que resulten aceptables para el Reino Unido.

El hecho es que, de cumplir con su promesa de Brexit duro, podría provocar un caos jurídico, institucional y económico potencialmente desastroso para Europa y para la propia Gran Bretaña.

Es difícil saber si este hijo y hermano de dirigentes tories pro-europeístas, será finalmente capaz de patear el tablero como prometió, o si, como una versión inglesa de lo que el izquierdista Alexis Tsipras representó en Grecia, terminará haciendo lo contrario de lo que propuso para abrirse paso hacia el poder.

De momento, lo que está claro es que, con su nuevo primer ministro, Gran Bretaña podría situarse en la vereda del nacionalismo y la demagogia donde está la Italia de Matteo Salvini.

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