Claudio Fantini
Claudio Fantini

Bitácora de la corrupción K

Fue como encontrar una bitácora en la que un navegante detalla minuciosamente sus travesías. Pero en este caso, la nave era un auto y la travesía era el repetido recorrido que el chofer hacía llevando millones de dólares desde empresas a la Casa Rosada, la Quinta de Olivos y el mismísimo departamento porteño del matrimonio Kirchner.

En Argentina, nadie medianamente informado se sorprendió por lo que tan detalladamente describía en sus cuadernos el chofer que trasladaba los millonarios sobornos. El esquema de la corrupción kirchnerista carecía de sofisticación.

Quien hubiese escuchado la razón por la que Roberto Lavagna dejó de ser ministro de Economía de Néstor Kirchner, o quien hubiese calculado grosso modo la insólita multiplicación de las fortunas de los empresarios bendecidos con la obra pública, no tendría razón para sorprenderse. Sin embargo, la bitácora del chofer que llevaba el dinero desde los sobornadores a los sobornados, debiera tener el peso de la imagen de José López lanzando por la tapia de un convento bolsos con millones de dólares en efectivo. Para el gran público, la letra escrita en un cuaderno es menos explícita que la filmación donde aparecen López, monjas, bolsos y una ametralladora. Pero para Cristina, su difunto marido, el ministro de la obra pública y las empresas que multiplicaron por mil sus capitales, el cuaderno del chofer es aún más lapidario.

La probable candidatura de Cristina puede haber quedado dañada. Las evidencias solo admiten dos alternativas: o era cómplice de su marido y luego continuadora del negocio, o era tan negligente o enajenada como para no ver lo que ocurría frente a sus narices.

Ahora bien, el daño que la bitácora de los sobornos puedan causar a Cristina, no beneficia electoralmente al presidente. Podrá aliviarle momentáneamente el peso de la persistente lluvia de malas noticias económicas. Pero el desencanto que están produciendo la inflación y la caída del poder adquisitivo, no disminuye por la reconfirmación de lo que gran parte de los desencantados ya sabía.

Las nuevas pruebas pueden dañar al kirch-nerismo y también al Papa, quien se hizo eco de la coartada que describe a Macri encabezando una dictadura que persigue a los líderes populares y los convierte en presos políticos. Lo acaban de escuchar de la propia boca del pontífice dos sindicalistas que militan abiertamente en el kirchnerismo. Pero la bitácora de los sobornos no fortalece a Macri sino, en todo caso, al peronismo que rechaza el liderazgo de Cristina, y a otros dirigentes opositores que son antikirchneristas, como Sergio Massa. En el oficialismo, lo que podría fortalecerse si el "efecto cuaderno" destruyera toda chance al kirchnerismo, es el paso de María Eugenia Vidal de "Plan B" a "Plan A" de Cambiemos para las elecciones presidenciales del año próximo.

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