Claudio Fantini
Claudio Fantini

El ataque de Biden a Putin

Para encontrar una ataque verbal equiparable al que acaba de lanzar la Casa Blanca sobre el Kremlin, hay que remontarse a 1983, cuando Ronald Reagan llamó “evil empire” (imperio maligno o imperio del mal) a la URSS.

Anthony Dolan redactaba los discurso de aquel mandatario republicano y usó ese proyectil retórico para que la alocución presidencial impactara en el liderazgo soviético que, por entonces, encabezaba Yuri Andropov y había desplegado misiles estratégicos SS-20 en Europa Oriental.

No obstante, Joe Biden fue más lejos al considerar que Vladimir Putin es un asesino. Ningún mandatario norteamericano se había expresado en esos términos, ni siquiera sobre Stalin, que fue un genocida.

¿Por qué el mandatario demócrata lanzó semejante ataque verbal sobre el Kremlin? ¿Qué acción de Putin fue el equivalente a los SS-20 de Andropov y al derribo de un avión surcoreano de pasajeros sobre territorio soviético? Respuesta: el ataque ruso a Estados Unidos con un destructivo misil llamado Trump.

Biden llamó asesino a Putin y prometió que pagará por sus actos, tras los informes de inteligencia que afirman que el Kremlin volvió a interferir en el proceso electoral norteamericano, con el objetivo de que Trump fuera reelecto en noviembre del 2020.

Esta segunda injerencia se realizó a través de masivos bombardeos de información falsa, destinada a beneficiar al magnate neoyorquino.

Los aparatos norteamericanos de inteligencia habían revelado la injerencia rusa que colaboró con el triunfo de Trump sobre Hillary Clinton. Aquellas acciones que incluyeron ciberespionaje, robo de información y bombardeos con fakes news, fueron corroboradas por la investigación que realizó el fiscal especial Robert Müeller.

Con semejante antecedente ¿por qué Putin jugó de nuevo la misma carta? Seguramente, porque convirtiendo a Trump en presidente de Estados Unidos obtuvo resultados geopolíticos formidables, a pesar de que la injerencia había sido descubierta.

Aún estando bajo sospecha de haber sido ayudado por Putin para tenerlo como agente en la Casa Blanca, el magnate neoyorquino actuó de manera funcional al Kremlin en cuestiones claves. Por caso, debilitó la OTAN hasta ponerla en estado de coma, promovió liderazgos euro-escépticos como el de los brexisteers británicos para debilitar a la UE y puso al borde del colapso la relación de Estados Unidos y sus socios europeos.

Esas parálisis en el eje atlántico le facilitaron a Rusia la anexión de la Península de Crimea y la guerra en el Este de Ucrania. Putin logró, además, con la ayuda de Trump, el protagonismo excluyente de Rusia en el conflicto sirio, entre otras ventajas geoestratégicas.

Por otra parte, el millonario ultraconservador causó graves daños a la institucionalidad norteamericana, lo cual también es del interés del Kremlin. Y si aún habiendo sido descubierta la injerencia para que Trump llegara a la Casa Blanca, Putin intentó con los mismos instrumentos que fuera reelecto, es por estar convencido de que seguiría siendo funcional a Rusia.

A la calificación de asesino, Biden no la usó para referirse a las injerencias rusas en las dos últimas elecciones presidenciales norteamericanas, sino a los envenenamientos y acribillamientos perpetrados contra enemigos de Putin.

Las medidas que anunció Biden podrían ser sanciones que incrementen las ya aplicadas por el “caso Navalny”, hasta imponer un virtual aislamiento de Rusia.

Más allá de lo que finalmente ocurra, está claro que Biden ha usado un proyectil verbal altamente destructivo al calificar de “asesino” al presidente ruso. Lo hizo por estar convencido de que el jefe del Kremlin lanzó sobre Washington un proyectil más destructivo aún: el misil Trump.

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