Claudio Fantini
Claudio Fantini

Armenia en pie de guerra

Cristianos y musulmanes vuelven a enfrentarse, como en los tiempos de las guerras entre cosacos y tártaros en el noroeste del Mar Negro y como las luchas entre reinos armenios y turcomanos en la Transcaucasia. 

En esta oportunidad se trata de un conflicto que estalló en la última década del siglo XX y quedó congelado sin arribar a un acuerdo de paz.

Los azeríes quieren restablecer la soberanía sobre Nagorno Karabaj, poniendo fin a la autonomía de hecho que los armenios de ese enclave situado dentro del territorio azerí mantuvieron desde el armisticio que impuso Rusia en 1994.

El mapa de esa república soviética empezó a crujir a fines de los ’80, cuando el KGB lanzó un golpe de Estado contra Mijail Gorbachov que fracasó, pero marcó el comienzo del fin de la URSS.

Los habitantes de Nagorno Karabaj son armenios y no quisieron quedar bajo soberanía de un Estado turcomano y musulmán. Por eso declararon la separación y pasar a formar parte de Armenia.

La guerra se prolongó varios años, dejó más de 30 mil muertos y enfrentó directamente a los ejércitos de los dos archirrivales transcaucásicos: Armenia y Azerbaiján.

La “pax” impuesta por Rusia dejó a los armenios sin la anexión de Nagorno Karabaj, pero el resultado no fue mejor para los azeríes, que de hecho perdieron el control del montañoso enclave.

La razón del reclamo armenio va más de Nagorno Karabaj. Otros territorios que habitaban los armenios son Najichevan y Zangechur. Eran la porción mayor de su población, que también tenía un componente turcomano.

El Genocidio Armenio de 1915 y la ocupación otomana que comenzó a renglón seguido, implicaron las limpiezas étnicas que redujeron la presencia armenia. Y en 1921, Lenin puso esos territorios bajo la soberanía de Azerbaiján. A renglón seguido, también Nagorno Karabaj fue entregada a los turcos azeríes.

El hecho de que Armenia y Azerbaiján integraran la Unión Soviética, atenuaba la tensión étnica. Pero la desaparición de la URSS acrecentó el temor armenio de ser expulsados de Nagorno Karabaj mediante limpiezas étnicas, como lo habían sido en Nagichevan y Zangechur. Por eso estalló aquel conflicto, que ahora vuelve a surgir porque los azeríes, con entusiasta respaldo de Turquía, vuelve a la carga para recuperar el control del enclave, reconquistando primero los territorios adyacentes a Nogorno Karabaj que habían sido ocupados por los armenios como zona de protección que devolverían cuando Azeribaján reconozca la autodeterminación karabajsí.

El hecho es que las fuerzas armadas de Armenia y Azerbaiján avanzan en dirección a una guerra. El país turcomano y musulmán es rico, en gran medida por sus yacimientos petroleros. Armenia, en cambio, es pobre. Pero cuenta con que sería socorrida por Rusia si la entente turco-azerí se lanzara a destruirla para crear un gran Estado musulmán transcaucásico. No está claro hasta qué punto el cristianismo ortodoxo ruso presionará al Kremlin para que tome partido por el cristianismo ortodoxo armenio, si éste entrara en guerra contra una alianza musulmana. Tampoco está claro si la OTAN se involucraría en defensa de Armenia. Por membrecía, es Turquía el país que debería contar con el apoyo de la Alianza Atlántica, pero una serie de razones culturales y políticas podrían colocarla del lado de Armenia y en la misma trinchera de Rusia, su histórico enemigo.

Lo único claro es que entre el Mar Negro y el Mar Caspio podría detonar un conflicto de impredecibles alcances y consecuencias.

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