Claudio Fantini
Claudio Fantini

La Argentina inexplicable

Un extraño crimen oscureció un escenario político plagado de enigmas inquietantes.

Nadie arriesgaba hipótesis sobre el ataque a un parlamentario oficialista y su asesor, cuando el ultrakirchnerista Luis D’Elía dijo que al atentado lo organizó el gobierno de Macri para arruinar la presentación del libro de Cristina.

Mientras los medios repetían las imágenes del crimen, la ex presidenta y sus colaboradores preparaban eso que saben hacer tan bien: escenificaciones imponentes en la que ella es la protagonista estelar. Pero la espectacularidad del acto no borró la pregunta del momento. ¿Un libro no le ofrece una excelente oportunidad de ponerse por encima de “la grieta” que generó su gobierno, buscando construir puentes para acercar a los argentinos? ¿no es un libro el escenario oportuno para que un líder mire más allá de sus propias fronteras políticas y reflexiones sobre el país y el mundo en esta etapa de la historia? En la antesala de una elección ¿no es más adecuado volcar en las páginas del libro todas las explicaciones que le permitan ser comprendida por esa masa de argentinos que vivió su escénico ejercicio del poder como una pesadilla insoportable?

En lugar de tender puentes para llegar a los que piensan distinto, Cristina colmó las páginas de “Sinceramente” con las victimizaciones y señalamientos acusadores que caracterizaron sus discursos como presidenta.

Incluso en la antesala de un comicio, ella le habla a su feligresía. Le da de beber el elixir que la pone en trance de adoración. Y lo hace en el mismo puñado de días en que exponentes de su fuerza política enviaron militantes a apedrear venezolanos que protestaban contra Maduro en la puerta de la embajada, ex funcionarios de su gobierno defendieron al esperpéntico régimen chavista y voces de la intelectualidad kirchnerista propusieron abolir la Constitución y el Poder Judicial.

No sorprende que los cristinistas piensen de ese modo. Lo que sorprende en es la incontinencia que los hace “hablarse encima”.

Es la impúdica exhibición de sectarismo lo que causa perplejidad. La secreción de rencores viscosos y las proclamas infectadas de ideologismos perimidos es lo que atemoriza a esa porción de la Argentina que no quiere vivir a la sombra de un personalismo veleidoso y autoritario.

Si incluso en un momento que impone seducir a la otra vereda, Cristina elige avanzar con el cuchillo entre los dientes, que se puede esperar de un nuevo gobierno suyo.

¿Por qué cuando necesita conjurar temores sobre un retorno cargado de revanchismo, la dirigencia kirchnerista parece confirmar las peores premoniciones sobre lo que haría en el poder si lo reconquistara?
En estos días inquietantes, lo único que tiene Macri a su favor es la incontinencia de las veleidades y rencores de Cristina.

El sectarismo le da un respiro al presidente que tiene muchas preguntas sin responder. ¿Por qué Macri se aferra a una candidatura que, en su propio espacio político, no convence a nadie más allá de su mesa chica?

El presidente y su círculo íntimo repiten cada minuto y medio que él será él, y no María Eugenia Vidal, el candidato a presidente. Más lo repite y más absurdo resulta el hecho de que el oficialismo no juegue su carta más potente, sino la más débil. Sencillamente, si la prioridad de Macri fuese de verdad evitar que el país vuelva al populismo exacerbado que dividió su sociedad y deformó aún más a su elefantiásico y disfuncional Estado y su insustentable economía, lo que debe hacer parece simple: dar un paso al costado para que la alianza gobernante juegue su carta más fuerte, o para que la coalición se amplíe integrando a figuras que también pueden derrotar a Cristina.

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