Claudio Fantini
Claudio Fantini

El aporte cubano

¿Por qué no se quiebra velozmente el frente militar, siendo tan evidente que las mayorías quieren que termine cuanto antes la pesadilla que implica Maduro?

Por varias razones. La primera, los militares son parte del régimen. Se trata de una dictadura burócrata-militar. Los familiares y vínculos cercanos de los cuadros superiores del ejército y de la Guardia Nacional forman parte de la casta que recibe beneficios de la nomenclatura que controla la totalidad del poder.

A pesar de haber hundido en la bancarrota al Estado, empobreciendo dramáticamente a la sociedad, el régimen es sumamente rico porque nutre arcas clandestinas mediante sus vínculos con el narcotráfico y a través de las regalías que le cobra en negro a mafias extranjeras que explotan ilegalmente oro, coltán y otros minerales de altísimo valor en el “arco minero” del Orinoco.

Las arcas ocultas del régimen también se nutren de la venta ilegal de petróleo y de la especulación financiera controlando el marcado cambiario en una economía híperinflacionaria.

La parte superior de la jerarquía militar recibe la parte del león en la repartija, pero a los cuadros inferiores llegan las migajas, quedando totalmente afuera sus familiares y allegados.

A esa razón se suma otra: el uso de los aparatos de inteligencia para captar la disidencia en cualquier espacio de la estructura militar.

Ese fue el aporte más útil que le hizo Castro al régimen. Estrategas cubanos formaban a los militares venezolanos para convertir el país en una trampa fatal para cualquier ejército que procure invadirlo, mientras los mejores cuadros del G-2 (la inteligencia cubana) adiestraban legiones de espías locales para que sepan infiltrarse en toda la estructura militar.

Prácticamente ningún oficial, suboficial o soldado puede hablar con camaradas teniendo certeza de que no es un informante del servicio de inteligencia del régimen.

Fidel y Raúl Castro contaron con una red infinita de espías de sus propios camaradas, amigos, familiares y vecinos. Es un rasgo característico de los totalitarismos.

Otros tipos de regímenes dictatoriales también manejaron la clave del espionaje interno a gran escala. En Siria, tras traicionar y derribar el régimen que encabezó Nur al Atassi en 1970, Hafez al Asad concedió a los soviéticos una base naval en Tartus y recibió de ellos, entre otras cosas, la creación de una red de inteligencia capaz de infiltrar todos los resquicios del Estado y la estructura militar para conjurar cualquier conspiración desde que empezara a gestarse.

La misma eficacia tuvo Saddam Hussein para establecer el control absoluto sobre Irak. Ni el ayatola Khomeini ni los Bush, padre e hijo, pudieron fisurar de manera significativa ese bloque monolítico.

El totalitarismo es el máximo grado de infiltración del poder en la sociedad para mantenerla bajo control. La vastedad y eficacia de las redes de delación darán la graduación totalitaria de los distintos tipos de regímenes autoritarios. El totalitarismo es la dictadura absoluta, pero algunos totalitarismos son más absolutos que otros. En la cumbre de la escala está Corea del Norte.

Chávez creó un régimen mayoritarista que derivó en dictadura que, Cuba mediante, maneja algunos instrumentos totalitarios. Uno de ellos es, precisamente, la infiltración del espionaje en la estructura militar, para conjurar cualquier intento de rebelión o disuadir de sumarse a conspiraciones en marcha por temor a la delación.

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