Claudio Fantini
Claudio Fantini

Los abruptos giros de Pedro Castillo

Es normal que los dirigentes de posiciones radicales moderen sus discursos en las campañas electorales.

Después de haber perdido la elección frente a Alán García, el nacionalista Ollanta Humala dejó de lado su discurso filo chavista y buscó el centro en la siguiente elección, logrando finalmente llegar a la presidencia.

Pero el caso de Pedro Castillo es diferente. El giro de su discurso, desde la izquierda radical hacia el centro político y la economía de mercado, no se produjo en la campaña electoral. Ni siquiera en la campaña del ballotage dejó de proponer estatizaciones y regulaciones a mansalva.
Al cambio de posición lo dio después de esa votación. Y fue un giro copernicano.

Con los escrutinios dibujando con números cambiantes un final cabeza a cabeza, el equipo de campaña de Castillo puso en la primera línea de exposición a Pedro Francke, para asumir el compromiso de “respetar la autonomía del Banco Central de Reserva”, del que destacó “su gran labor manteniendo la inflación baja durante más de dos décadas”.

A través de un comunicado, el equipo económico que tomó el puesto de mando afirmó no haber “considerado en nuestro plan económico estatizaciones, expropiaciones, confiscaciones de ahorro, controles de cambio, controles de precios ni prohibición de importaciones”.

Francke había mostrado su rechazo a las fórmulas ideológicas, asesorando a Verónica Mendoza, dirigente de centroizquierda que no proponía un Estado más grande sino un Estado “mejor”. Francke se opone a privatizar servicios como la provisión de agua, pero no es anti empresa privada ni anti-mercado. “Mas empresa y mejor Estado” es el eslogan que resume su posición, claramente desvinculada del marxismo leninismo proclamado por el partido que llevó como candidato a Castillo.

En términos políticos, al corrimiento hacia el centro lo hizo el propio candidato dos días después del ballotage, al comprometerse a respetar la Constitución de 1993 y la institucionalidad vigente. La pregunta es por qué gira hacia el centro ahora, cuando los peruanos ya votaron y el escrutinio lo consagra ganador. La respuesta tal vez sea que, girando al centro político y económico, lo que intenta es conjurar un “fraude suave”, la maniobra que se perpetra mediante denuncias que desembocan en recuentos y revisiones de votos anulados, ejerciendo sobre ese proceso la presión que guía esos recuentos y revisiones en una dirección determinada. Algo que puede realizarse con facilidad cuando la diferencia entre el ganador y el segundo es mínima.

Al denunciar un “fraude sistemático”, Keiko Fujimori abrió el paso a la presión que impone una subjetividad para que las revisiones y recuentos reviertan el resultado. Que varios abogados poderosos e influyentes estén haciendo denuncias para que sean revisados unos cien mil votos favorables a Castillo, podría ser la prueba de que Perú Libre busca evitar con su compromiso de moderación política y económica que mediante esos estratagemas Keiko le arrebate la victoria obtenida en las urnas.

Al maestro rural que puede convertirse en presidente no le resulta difícil dar ese giro. En definitiva, marxista es el partido que lo postuló y el líder de esa fuerza política Vladimir Cerrón. Pero Pedro Castillo nunca había sido un izquierdista ideologizado.

Cuando era joven integraba “rondas campesinas”, grupos paramilitares que combatían a las guerrillas. A la política ingresó a través de Perú Posible, el partido centrista y liberal de Alejandro Toledo. Fue dirigente y también candidato a alcalde en una localidad de Cajamarca por esa fuerza política que impulsa la economía de mercado.

Su trayecto político lo muestra dispuesto a montar el vehículo que pueda llevarlo hacia cumbres de liderazgo. El sindicalismo docente fue uno de esos vehículos y él supo utilizarlo. La prolongada huelga de maestros que lideró en el 2017 fue el escenario que lo visualizó a nivel nacional y ese estrellato sindical, sumado a su imagen humilde de maestro rural, hizo que Perú Libre le ofreciera la candidatura presidencial que no podía ocupar su líder, Vladimir Cerrón, por las sentencias de corrupción que arrastra desde que fue gobernador de Junín.

El partido que lo postuló le había impuesto un discurso estatista y socializante, permitiéndole su conservadurismo en temas de familia y sociedad, por caso su rechazo al aborto, al matrimonio igualitario y a la legalización de la marihuana, además de su proyecto de retirar a Perú del Pacto de Costa Rica para reinstaurar la pena de muerte.

Pedro Castillo avanzó en el tablero político ocupando casilleros ideológicamente disímiles. Por eso no le costó dar el giro de ultimísimo momento hacia el centro.

La pregunta es si alcanzará para desalentar un “fraude suave” que le arrebate la victoria.

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