Casilda Echevarría
Casilda Echevarría

No somos todos iguales

Los uruguayos no son todos iguales, ni siquiera lo son los integrantes de un grupo o partido. Algunos se caracterizan por la grosería, bajeza, envidia, falta de educación y falta de respeto a las instituciones e incluso llegan a la comisión de delitos.

Otros, sin embargo, siendo gente educada y con experiencia de 15 años de gobierno, soslayan una realidad que hoy se hace evidente en cuanto a la informalidad y necesidad de ayuda social. Todo eso no ocurrió en los primeros días de este Gobierno ni como efecto del coronavirus, es el triste resultado de un populismo salvaje, que bajo la gran falsía de la equidad destruyó 50.000 trabajos.

Quienes así manejaron la economía, ahora con total soltura solicitan apoyo para quienes, justamente por esa errónea política, quedaron fuera del ámbito laboral. Lo más increíble es que, en vez de reconocer los pésimos efectos de la política económica que dejó el país en una situación de gravedad tal que hoy no le da herramientas para enfrentar el flagelo que lo invade, insisten en los subsidios generalizados, los perdonatutti de facturas de los servicios públicos, piden “aprietes” tributarios a los privados, como si anteojeras les impidieran ver la realidad.

Hay una abrumadora cantidad de solicitudes nuevas de seguro de desempleo que se suman al enorme volumen de las ya existentes al 1° de marzo. Pero es que no ven, no les importa o engañan a la gente, desconociendo la falta de recursos y pretendiendo ocultarlo a los menos formados que aún creen que el Estado crea riqueza.

Hoy, con las escasas posibilidades con que cuenta el Gobierno, la necesidad de focalizar los aportes y los destinos de los mismos es esencial para llegar a aquellos que verdaderamente los precisan.

El sector privado hace su ajuste sin necesidad de nuevos impuestos, las empresas han enviado innumerables trabajadores al seguro de paro, lo que significa una disminución del ingreso del trabajador por un lado, pero también una reducción de los ingresos de la empresa que impacta en los pagos a terceras empresas, que a su vez comienzan su propio ciclo de reducción.

Cómo puede ser que la demagogia llegue a estos extremos en tiempos de crisis: no hay otra forma de denominar la actitud, que de irresponsable y poco solidaria con los más necesitados.

Felizmente la gran mayoría de la población va tomando conciencia de la importancia del enemigo, no de un grupo, sino del país todo y apoyan las medidas razonables, tomadas día a día con prudencia, llevando adelante un muy difícil equilibrio entre cuidar la salud y el mínimo bienestar de los habitantes.

Los economistas serios de Argentina están llamando la atención sobre las erróneas medidas del Gobierno a la vez que la cuarentena general obligatoria de dicho país va quedando diluida en un mar de excepciones y en un intrincado sistema de autorizaciones y controles; más valdría que utilizaran los recursos en la atención directa de la salud.

El virus avanza, sin prisa, gracias a las medidas tomadas por el Poder Ejecutivo, pero sin pausa, la campaña política parece no haber terminado para algunos, sin embargo otros están empeñados en gobernar con responsabilidad. El camino adoptado por el Gobierno es el correcto, apoyarlo es la única actitud patriótica y solidaria.

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