Casilda Echevarría
Casilda Echevarría

Una pena que dio pena

Si en el Futbol la mordida vale más que una patada, rodillazo o codazo sin ningún fundamento normativo, cuánto más habría de valer el abuso de poder de aquellos que viendo la paja en el ojo ajeno no ven la viga en el propio? ¿Cómo habría de sancionarse a quienes con impunidad denigran una persona ante sus pares, sus adversarios y el mundo entero?

Si en el Futbol la mordida vale más que una patada, rodillazo o codazo sin ningún fundamento normativo, cuánto más habría de valer el abuso de poder de aquellos que viendo la paja en el ojo ajeno no ven la viga en el propio? ¿Cómo habría de sancionarse a quienes con impunidad denigran una persona ante sus pares, sus adversarios y el mundo entero?

La impunidad no tiene un artículo específico en el tan mentado Código Disciplinario de la FIFA, como tampoco lo tiene el mordisco, entonces la justicia indicaría que todos los directivos y miembros de la Comisión Disciplinaria de FIFA se vieran alejados de sus cargos, de tomar decisiones y de percibir ingresos por cuatro meses para que durante ese tiempo hicieran su propio examen de conciencia. Claro el daño ya estaría hecho y no tendría solución, de hecho sería mejor dejar sentimientos de lado y actuar con corrección de inicio.

Qué buena oportunidad se perdió la FIFA de hacer del incidente de Suárez un ejemplo de conducta antideportiva al igual que cualquier otro hecho de violencia entre los jugadores, adoptando una conducta ecuánime y aplicando una sanción adecuada, alejada de cualquier sentimiento ajeno al episodio. El mensaje que deja la FIFA para los más jóvenes es: peguen fuerte pero nunca muerdan, qué horror!!

Con su pésima resolución provocó una reacción generalizada de rechazo hacia la misma, sacando de foco lo que debió sí haber sido el centro de discusión, el Fair Play. En el futbol y en cualquier otro deporte las reglas deben ser aplicadas y si se transgreden se debe sancionar al transgresor de acuerdo a lo previsto y si la previsión no existiera, la analogía es lo indicado. El mordisco es lamentable, nadie, seguramente ni el propio Suárez lo justifica, pero ello no da derecho a que se le prohíba al infractor acompañar a sus compañeros, ingresar a estadios y estar alejado de su trabajo.

El incidente no dejó fuera de juego al agredido, eso debió dar una suerte de indicio de la gravedad del hecho y servir de guía para la elección de la sanción a aplicar.

Triste fue la motivación esgrimida: “No se puede tolerar este tipo de comportamiento en un terreno de juego, especialmente durante la Copa Mundial de la FIFA, cuando millones de personas tienen la vista puesta en los jugadores.” Quizás debió haberse considerado también que millones de personas percibieron que quien tiene el poder puede hacer con él lo que le place, sin someterse a reglas, aun llegando a herir a una persona en su ámbito más íntimo humillándolo, sin miramientos y sin una adecuada defensa.

Tristeza y desilusión son los sentimientos que ha dejado la FIFA, tristeza por la ausencia total de razonabilidad en el fallo, indignación por el destrato a la persona y desilusión porque el espectáculo perdió sentido deportivo y afloraron intereses espurios donde debió haber justicia.
Si de ofensas a la deportividad de trataba, el propio artículo 57 que fundamentó la resolución de la FIFA le era aplicable a ésta: El que a través de palabras o gestos injuriosos, o por cualquier otro medio, ofenda el honor de una persona ….. o la moral deportiva, podrá ser sancionado……; nada podría definir mejor la actitud de la FIFA a causa de la cual el delantero uruguayo debió abandonar la concentración y entregar la acreditación causando su deshonra, que nada tenía que ver con su falta.

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