Casilda Echevarría
Casilda Echevarría

Pedir no cuesta nada

Pedir no cuesta nada, el costo no lo paga quien presiona. Aun cuando las intenciones puedan ser buenas, parecería que no se tuviera conciencia de que por cada peso que se gasta hay un contribuyente que está haciendo su aporte.

En una reciente entrevista en "No Toquen Nada", el Ec. Gabriel Oddone, expresaba que se han perdido 53.000 puestos de trabajo desde el pico de 2014 y que estamos en un nivel de inversiones de 2005 en términos del PBI.

Se ha creado un círculo vicioso, se gasta más, se aumenta la presión tributaria y se requiere dólares del exterior en concepto de crédito, se afecta así la productividad y las exportaciones, el PBI no crece como se había proyectado, sin embargo la curva de gasto estatal no se ajusta en esa medida; el círculo sigue retroalimentándose.

Si no se toma conciencia de la necesidad de restringir el gasto público, eliminando cargos innecesarios, subsidios injustos, monopolios ineficientes e injustificados y transparentando y limitando los sueldos públicos, a los que se adicionan múltiples beneficios, el país se estanca.

No es un tema de ideologías, el Partido Comunista y el Pit-Cnt requieren mayor gasto para mejorar el nivel de ingreso real, es el populismo disfrazado de socialismo, el mismo que ha fundido a Venezuela, Nicaragua y Cuba, por mencionar ejemplos bien conocidos entre nuestros connacionales e inmigrantes recientes.

Romper el círculo vicioso implica abrir el país a la inversión, nacional y extranjera, sin caza de brujas y al comercio internacional, recuperando la generación de empleo y así incrementar la recaudación sin seguir asfixiando a los que hoy ya aportan.

Que contribuyan más los que más tienen, qué demagogia absurda, los que más tienen eligen dónde invertir y no será donde los amenazamos con avisar a las oficinas de impuestos de los países de origen que han elegido plantar la semilla de sus negocios acá. Cuidamos más la recaudación de otros gobiernos que la nuestra. El populismo prefiere el suicidio colectivo antes que el país florezca admitiendo que habrá inversores que obtengan una legítima renta en un mercado que se respeten las normas.

El déficit en las cuentas públicas no beneficia a nadie, si se devalúa los sectores con ingresos fijos serán quienes se hagan cargo del exceso del gasto. Si se incrementa el endeudamiento lo pagaremos todos.

Lo peor no es que se gaste o se endeude el estado, sino cómo y en qué se gasta, pues los pedidos son para sueldos y para gastos corrientes, no para infraestructura, para lo que tampoco se invirtió en la década del "viento de cola", período en el cual se despilfarró en nuevos ingresos en el sector público, mala administración, promoción de planes para quienes estando aptos para el trabajo reciben subsidio, abandonando la inversión pública a niveles mínimos y evitando la inversión privada por querer innovar en procesos pesados y centralizados que solo retardaron la colaboración privada en infraestructura.

Es increíble que no se aprenda nada, que no importe nada lo que se deja a las generaciones futuras, pero ¿es que nadie tiene hijos o nietos a los que un día tendrá que explicarles cómo se diluyó el esfuerzo de los contribuyentes para mantener un sector público ineficiente? Quienes pagarán la fiesta hoy no tienen voz pero sí recordarán a quienes, con afán demagógico, impulsaron un gasto excesivo y comprometieron su bienestar.

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