Casilda Echevarría
Casilda Echevarría

Libertad en la educación

Resulta inconcebible pensar que existan opiniones contrarias a que un grupo de muchachos se eduque de la mejor manera posible; es inentendible entender que se promueva limitar las opciones de un grupo de jóvenes con verdaderos intereses en formarse y progresar.

Resulta inconcebible pensar que existan opiniones contrarias a que un grupo de muchachos se eduque de la mejor manera posible; es inentendible entender que se promueva limitar las opciones de un grupo de jóvenes con verdaderos intereses en formarse y progresar.

Los argumentos vertidos carecen del más mínimo asidero. La obligación de la educación pública es del Estado, por lo tanto aseverar que un liceo privado está obligado a hacerse cargo de todos los menores que acudan al centro educativo a requerir de sus servicios claramente no corresponde.

Las instituciones privadas de cualquier especie tienen derecho a tener requerimientos para quienes atienden, los no atendidos por una institución específica deben ser atendidos por la enseñanza pública. Se ha sostenido que los buenos resultados de los liceos privados ubicados en las zonas de más escasos recursos se deben a esa selección que realizan las autoridades del centro educativo y que por tanto no puede sostenerse que sean más eficientes que los públicos, sino que tienen mejores alumnos.

Lo importante no es si la comparación está bien o mal hecha, lo que ha de ser de significación para la comunidad es que haya chicos que puedan tener mejores resultados en su rendimiento habiendo atendido clases en los liceos privados que si no hubieran asistido a ellos.

Si la oportunidad es para pocos, pues que no sea para nadie reclaman algunos. Qué terrible pensamiento, equiparar para abajo. En vez de promover que existan más centros de educación especializada para niños y jóvenes en lugares críticos y en los que no lo son, con el fin de conformar grupos que se desarrollen con esperanza de tener un lugar de integración en la sociedad, impulsan la ignorancia pareja, el desinterés y el fracaso lo más generalizado posible.

Cuando se conversa con las madres de esos niños que por su esfuerzo tienen la suerte de asistir a los liceos privados o ser objeto de programas de apoyo para la no deserción de la educación formal, se percibe orgullo, alegría, esperanza y agradecimiento. Atender a uno de la familia implica un efecto positivo en todo el grupo familiar. ¿Esto es lo que condenan quienes levantas sus voces con total impunidad?

Esta discusión nos llevará a pensar finalmente que oponerse a la buena educación tiene un objetivo; un pueblo sin educación es un pueblo mejor dominado y quizás sectores de la sociedad prefieren corderos bien mandados que estudiantes pensantes y pujantes.

Una sociedad en la que los niños y jóvenes se forman sanos moralmente con intereses positivos, con amplitud de criterio y aptitud para pensar por sí, se orienta hacia una democracia sana, con diálogo social.

Lo deseable es que haya competencia, defendemos la enseñanza pública gratuita en todos los niveles, apuntando a la excelencia, como lo fue en tiempos no tan lejanos, pero no por ello se debe impedir o desacreditar a la enseñanza privada. Hay lugar para enseñanza pública y privada, confesional y laica, ello contribuye al libre ejercicio del derecho de los padres de elegir para sus hijos la orientación que más deseen.

Si la educación está mejor los niños y jóvenes también lo estarán, a ellos no les importará quien los formó en tanto esa formación les haya abierto las puertas del futuro.

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