Casilda Echevarría
Casilda Echevarría

La libertad acorralada

La ocupación de los lugares de trabajo se está haciendo una constante, atropello absoluto de los derechos a la libertad, seguridad, trabajo y propiedad.

Por poco creíble que parezca, el Decreto 156/006 estableció la ocupación como extensión del derecho de huelga, desconociendo los textos de la Carta Magna y sometiendo a la intolerancia y excesos de unos pocos exaltados intransigentes a los empleados que en su legítimo derecho deseen trabajar y a los propietarios que son despojados de su derecho de uso de sus instalaciones.

Además de los derechos individuales, se arrasan los derechos del país, se comprometen exportaciones y el prestigio nacional. La irracionalidad y desprotección en el caso de Las Moras por más de una semana, impidió o afectó severamente el trabajo. Más de un par de centenares de personas han perdido sus jornales, la faena no pudo desarrollarse, con ello también se afectó a otros frigoríficos que faenan en estas instalaciones, los productores naturalmente han perdido ventas, y en consecuencia se ha puesto en riesgo exportaciones a China, la Unión Europea, Estados Unidos e Israel.

De 370 empleados, se han juntado unas 200 voluntades en pro de volver a trabajar y dejar sin efecto la ocupación; con oídos sordos la minoría se impone sin el menor sentido de la democracia sindical. El sindicato reclama aumentos y la empresa liderada por Elizabeth Misa alega que no es posible hacer lugar a esos pedidos y ofrece aumentos por productividad. Independientemente de cuál sea la realidad, lo cierto es que el sindicato no cumple con la cláusula de paz y ocupa el lugar de trabajo sin ningún derecho.

Con gran esfuerzo se consigue abrir mercados internacionales, con dedicación, trabajo y cumplimiento en tiempo y forma se logra mantener esos mercados y con muy poco se pierden. Estas actitudes poco patrióticas lesionan las relaciones comerciales del país y no debieran ser protegidas bajo ningún concepto, incluso esto va más allá, afectando las decisiones de posibles inversiones futuras en el país.

Un ejemplo más del desprecio por el orden jurídico. Tal parece que no hay quién ampare los derechos de empresarios y trabajadores: ocupaciones de estaciones de nafta, liceos, frigoríficos, más recientemente planta de Saman y vaya uno a saber qué otros espacios de trabajo están invadidos por estos abusadores, por decir lo menos, que sin derecho alguno toman los derechos ajenos y los eliminan sin más, protegidos por un Estado que en lugar de ejercer sus obligaciones mira impasible el horror de un atropello que conlleva el atraso en la educación, la afectación de exportaciones, la rentabilidad de las empresas y aun el cierre de estas.

Ya no hay más tiempo, ordenar el país es un imperativo del sentido común. Si bien la justicia suele amparar el ejercicio de los derechos de empresarios y trabajadores no huelguistas al momento de resolverlo, el daño ya es importante. Es llamativo que ante la queja de las Cámaras de Industrias y de Comercio y Servicios, la misma OIT, aun aceptando la ocupación como medida legítima, que como explicamos en nuestro país es absolutamente inconstitucional, ha expresado, que "el ejercicio del derecho de huelga y la ocupación del lugar del trabajo deben respetar la libertad de trabajo de los no huelguistas, así como el derecho de la dirección de la empresa de penetrar en las instalaciones de la misma".

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