Casilda Echevarría
Casilda Echevarría

¿Y después qué?

Quince años de gobierno con mayoría y disciplina parlamentaria, casi hasta el presente, ha permitido gobernar, podrá uno estar o no de acuerdo con la producción parlamentaria, pero que la hubo, la hubo.

Hoy, con un panorama de un gobierno futuro sin mayorías absolutas, lógico sería ver que los candidatos, sobre todo los que seguramente tendrán que acordar para lograr las transformaciones que dicen propiciar, tuvieran un tono conciliador.

Podría decirse, incluso, que ese espíritu de concordia fuera fruto de un afán de ofrecer lo mejor para la ciudadanía, incluso quienes se miran en el espejo de Chile, podrían advertir que en ese exitoso país la virtud de haber acordado entre quienes piensan distinto ha sido base de la estabilidad y el progreso.

El treinta de junio próximo marcará quiénes serán los candidatos que competirán por el mayor honor ciudadano y la más alta responsabilidad frente al pueblo en octubre. Luego de esa instancia decisiva y sorteada la del balotaje habrá que gobernar, liderar un gobierno de todos, conciliar las voluntades de todos aquellos de quienes se burlaron, denostaron o simplemente ignoraron, creyendo, bajo el influjo de la soberbia, que unos son mejores que otros por tener una u otra idea.

De todas las capacidades se precisará para gobernar, de los más experientes, de los más novatos en estas huestes, los empresarios con sus capacidades de gestionar y los teóricos, tan importantes para generar propuestas. No será fácil destrabar el gran nudo que ata al país a una instancia de quiebre en la cual, guste o no, las cuentas públicas habrán de equilibrarse, en condiciones internacionales no tan promisorias para la inversión y con una conflictividad interna que sólo con gran habilidad podrá revertirse.

Será de especial importancia, no sólo la capacidad teórica, sino, y muy especialmente, la capacidad de interrelacionarse con los colegas políticos y organizaciones sociales; la agresividad, la ironía y el destrato sólo irán en desmedro de los ciudadanos de a pie.

La política es el arte de lo posible y del gobierno de las mayorías con respeto a las minorías, algo que se olvida con mucha facilidad cuando el elixir del poder toca el ego de algunos. En esta instancia se realizan muchas declaraciones de principio y de objetivos de gran importancia, para ver hacia dónde se dirigirán los esfuerzos de aquellos que nos han de determinar el futuro por el siguiente quinquenio.

Cuanto más amplia sea la base del acuerdo, mayor será el éxito de todos, generando nuevos puestos de trabajo para aquellos que los anhelan, manteniendo los jóvenes dentro de fronteras en lugar de peregrinar en desconocidos territorios en busca de un futuro mejor.

Es claro que la responsabilidad de dirigir el barco será de uno solo, pero la soledad del poder sólo debe sentirse a la hora de tomar decisiones, mas no en la previa, que es el minuto del consenso, de la discusión amable y constructiva, de la tolerancia y de la razón.

El esfuerzo de todos será lo que nos lleve a un país de diálogo y respeto sin confrontaciones y hacia el desarrollo. Ninguno de los actores está exento de responsabilidad; políticos, actores sociales y prensa, esta última contribuyendo, no al sensacionalismo burdo, sino con seriedad y profundidad, aún en la libertad de dar opinión cuando así lo expliquen, sin entreverar verdades, medias verdades, falsedades y opiniones.

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