Casilda Echevarría
Casilda Echevarría

Demagogia tóxica

La proximidad de las elecciones a tan solo un año de distancia genera una explosión de la demagogia inspirada en odio, envidia y resentimiento.

Si bien en todas las tiendas hay gente de bien, también abundan aprovechados sedientos de poder y prebendas no merecidas. Estos últimos, abusando de la ignorancia creciente del pueblo uruguayo debido a los penosos resultados de la educación, utilizan afirmaciones demagógicas contra el liberalismo, plagadas de mentiras y con ello arrastran esos espíritus débiles, influenciables, a creer que hay un mundo mágico en el cual los ricos serán despojados del fruto de su trabajo para serle entregado a los que creen que las bendiciones caerán del cielo gracias al esfuerzo ajeno.

Claro que esa demagogia tóxica o populismo barato empieza a tambalear cuando los vientos de bonanza amainan o dejan de soplar; ahí la realidad golpea, cae la inversión y el empleo, la pobreza crece, el déficit fiscal se hace indomable y la inflación corroe los ingresos de los trabajadores, ya bastante golpeados con los impuestos.

Entre los años 90 y 95 el gobierno del Dr. Lacalle se propuso abrir mercados internacionales y desregular la economía con la firme convicción que redundaría en beneficio de la sociedad toda.

En cinco años de gobierno se logró, con desregulación de trámites inútiles, apertura de mercados, desmonopolización de seguros y puertos y desregulación de la actividad agropecuaria, para dar solo algunos ejemplos, el crecimiento del consumo privado, la inversión subió sostenidamente, la deuda externa bajó, el déficit fiscal se tornó en superávit, los funcionarios púbicos se redujeron en 10.000, las tarifas públicas se abarataron en términos reales, la inflación disminuyó drásticamente y la industria y el salario real crecieron. Los ingresos de los hogares más pobres subieron en mayor proporción que los de los hogares de mayores recursos gracias al incremento del nivel de empleo. Se realizaron innumerables obras de infraestructura como puentes y carreteras.

Los demagogos, o como hoy se diría en la jerga moderna, los generadores de "fake news", tienen la osadía de afirmar que todo ello se hace a costa de los más desprotegidos. Contrariamente a ello, los ahorros, por el ordenamiento del Estado fueron destinados a la inversión social, claro que no a subsidios en dinero sin contrapartida o control alguno, sino en remodelación de hospitales, construcción de policlínicas, centros de enseñanza, múltiples centros de barrio en el interior y los Centros de Atención a la Infancia y la Familia (CAIF), entre otros. La pobreza se redujo a la mitad, de un 12% a un 6% y se generaron un sinnúmero de soluciones habitacionales para la gente de menores recursos, el gasto en salud se multiplicó a más del doble y se jerarquizó la formación de efectivos de policía y ejército y la mejora de las retribuciones personales.

El liberalismo, debidamente regulado, trae consigo prosperidad, el socialismo nacionalista genera grandes brechas en lo social y empobrecimiento de los más desprotegidos. Lo que se ha hecho bien en el país, sin importar por quién, debe inspirar a los aspirantes a constituirse en nuevos gobernantes, despojados de ideologías, simplemente buscando dar solución a los problemas con inteligencia y generosidad. No hay que temer decir las cosas tal cual son.

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