Casilda Echevarría
Casilda Echevarría

David y Goliat

En el relato bíblico Goliat amedrentó a los israelitas suponiendo que por su gran tamaño y fuerza ninguno de ellos tendría el coraje para enfrentarlo. En la historia reciente varios David se han levantado contra la exhibición de fuerza de los sindicatos.

Hablamos de sindicatos de segundo orden, cuyos dirigentes no solo no son elegidos democráticamente sino que en la mayoría de los casos no conocen en lo más mínimo el problema concreto que desató el conflicto.

La huelga es un derecho consagrado en la Constitución de la República, aunque podamos pensar que es una herramienta de otra época y que hoy existen otros medios derivados de la equiparación de fuerzas entre los empresarios y trabajadores.

Aunque este derecho no es absoluto ni mayor a ningún otro, Goliat se instala en distintas empresas, amedrentando a trabajadores, intentando imponer su posición, que lejos está de los intereses y derechos de trabajadores que quieren trabajar.

Esa fuerza arrolladora y creciente no recibe límite alguno por parte de autoridades, pero comienza a ser enfrentada por individuos aislados, hartos de los conflictos organizados por personajes arrogantes, renuentes al diálogo, solo con la razón de la fuerza e imponiendo miedo, con el objetivo de lograr sus propios intereses.

Una valiente señora, en un conflicto originado por un despido en un frigorífico de Salto, enfrentó a quien, a ojos vista, no representaba a los trabajadores y les impedía entrar a trabajar, actuaba con la tranquilidad de quien no ve menguados sus ingresos pues los tiene sin trabajar y probablemente reciba algún complemento del sindicato. Recordemos que las empresas están obligadas a recaudar de los empleados que estén afiliados a los sindicatos y verter a las arcas de estos últimos, quienes luego transfieren parte del botín a los sindicatos de segundo grado, sin que estos, en muchos casos, den cuenta de la utilización de dichos fondos.

Recientemente en Santa Clara de Olimar los vecinos enfrentaron a un grupo del Pit-Cnt, ocupando una gasolinera, reclamando reincorporar a un trabajador. Actitud de atropello a quienes precisaban combustible, a los trabajadores del lugar y al propietario de la estación a quien se le puede requerir que dé cumplimiento a todo lo establecido en la ley, como haberes laborales e indemnización por despido, pero no debiera exigírsele que reingrese un trabajador que ha sido despedido.

La organización sindical puede, como en muchos casos, constituirse con personas de bien, que generosamente disponen de su tiempo para intentar defender los justos derechos de los trabajadores.

Sin embargo, estas organizaciones de segundo grado, alejadas de los trabajadores que dicen representar, tienen poco interés en solucionar los conflictos y mezclan intereses políticos, personales y económicos en la supuesta defensa de los derechos de los demás y solo resulta que se arrasan los derechos de los indebidamente representados.

Los que hasta ahora parecían pequeños pastorcitos, hoy comienzan a manifestarse como valientes David ya sin permitir que les obliguen a acompañar paros, huelgas, ocupaciones y demás medidas de fuerza con las que no están de acuerdo.

¿Cuánto faltará para que se trate seriamente la reglamentación sindical y los derechos de los no sindicalizados?

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