Casilda Echevarría
Casilda Echevarría

A contramano

Uruguay se empeña en vivir a contramano. Sin el menor vínculo con la realidad, hay quienes insisten en aumentar el costo del estado y por consiguiente los impuestos, en qué, no importa, es simplemente el fundamentalismo y el deseo de algunos de mantenerse en el poder.

Poco a poco nos vamos quedando aislados, ignorados por los grandes actores de la economía mundial. El G20 se realizó en Argentina, sin inconvenientes, con muy positivos resultados para el país organizador e importantes acuerdos bilaterales entre varios de los demás asistentes.

A tan trascendente reunión asistieron, el representante de la Unión Europea y los diecinueve restantes integrantes a los que se sumaron los organismos asociados y también los invitados, permanentes o convocados por el anfitrión como el caso de Chile. El presidente Piñera tuvo, no solo la oportunidad de hablar contra el proteccionismo en el plenario del G20, sino que tuvo también contactos con varios asistentes, colocando al país en medio de los grandes.

No nos tocó ser invitados, tampoco nos toca la visita del Presidente electo Bolsonaro, que, en su primera gira por Sudamérica, anuncia concurrir a Argentina, Chile y Paraguay. Uruguay es transparente, pero no en el sentido que nos sugiere la OCDE, para lo cual hacemos todos los deberes con esmero y en perjuicio de los niveles de inversión y el empleo, sino en el sentido de ser invisibles para la diplomacia internacional.

En el pasado no hemos elegido a los mejores como socios comerciales y políticos, el vínculo con los Kirchner, con Lula, Chávez o Maduro no nos ha hecho ningún bien, solo nos ha dejado complicaciones, deudas, atropellos, desprecios y daño para los empresarios que confiaron en esos canales.

La región está cambiando, Argentina, Chile, Paraguay y Brasil están tomando otros rumbos y Uruguay, dejando de lado ideologías y transitando un camino práctico en beneficio de los uruguayos, tiene la responsabilidad de ubicarse en este nuevo contexto.

No es indiferente estar aislado sin lograr acuerdos comerciales con el resto del mundo, sin controlar la inseguridad de minúsculos grupos insurgentes que toman la calle sin que sus acciones de daño sean reprimidas. Tampoco es inocua la persecución al capital aplicando tal presión tributaria que, conjuntamente con la avidez desmedida de los sindicatos se impida la rentabilidad de las empresas.

El mercado de inmuebles está semifrenado, abrumado de impuestos nacionales y municipales y de las incisivas normas de "transparencia", que comenzaron teniendo un fin loable —como el combate al narcotráfico, el tráfico de armas y la trata de personas— y resultaron ser simplemente una forma de invasión a la vida privada de las personas en pos de la aplicación de nuevos o más gravosos impuestos.

Necesitamos transformarnos en un país moderno, con un gasto público moderado, funcionarios públicos preparados para la función, una actividad privada pujante, un poder sindical enmarcado en normas internas democráticas, un país abierto comercialmente al mundo y en el que la educación constituya el impulso del desarrollo, fundamentos que debieran ser la base de las propuestas del próximo gobierno.

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