Casilda Echevarría
Casilda Echevarría

¡Basta de diagnósticos!

La pobre educación vive en el CTI, rodeada de diagnósticos, unos errados y otros más certeros, pero todos indican que su situación en el CTI es la correcta. Es hora de actuar. Cada año que dejamos pasar discutiendo si estamos en uno u otro nivel respecto del mundo, es otra generación de jóvenes que ven su futuro frustrado.

La pobre educación vive en el CTI, rodeada de diagnósticos, unos errados y otros más certeros, pero todos indican que su situación en el CTI es la correcta. Es hora de actuar. Cada año que dejamos pasar discutiendo si estamos en uno u otro nivel respecto del mundo, es otra generación de jóvenes que ven su futuro frustrado.

Gracias a varias organizaciones no gubernamentales que trabajan en el área de la educación, sea impartiendo enseñanza o apoyando la enseñanza pública, serán menos los estudiantes que deserten segando su futuro sin tener si quiera claro que están jugando con sus posibilidades de largo plazo.

Damos tanta importancia al diagnóstico de las pruebas PISA como si ignoráramos que la educación tiene claras deficiencias. No nos basta con que la Universidad de la República nos diga que los estudiantes, en su mayoría, ingresan a la universidad con un nivel absolutamente inaceptable en las más diversas áreas, como matemáticas, ortografía y cultura en general.

¿Qué es lo que no nos queda claro?

¿Es que no nos damos cuenta que los programas son antiguos, que no despiertan interés en los jóvenes, que si abandonan el liceo, nada de lo estudiado hasta el momento les sirve para una salida temprana al trabajo y quedarán estancados en los llamados ni-ni, y que no sólo serán un problema para sí mismos y sus familias, sino para toda la sociedad que tendrá que mantenerlos?

¿Es que no vemos que a los estudiantes se les hace estudiar la historia de memoria imponiendo las verdades con una visión tendenciosa en muchos casos, en vez de permitir la investigación y la exposición libre de las opiniones de cada uno, de modo de educar seres pensantes en vez de personas acostumbradas a que otros piensen por ellos, quitándoles todo entusiasmo por el estudio?

No sólo permitimos que se deseduquen los jóvenes empujándolos a una vida de ocio y probablemente drogas o malos hábitos al no poder obtener su propio sustento de forma lícita, sino que, cuando se propone la idea de un servicio militar para esos muchachos desorientados, ponemos el grito en el cielo y evadimos cualquier discusión. Probablemente sería la salvación de esos jóvenes a quienes se les enseñaría disciplina, el valor del esfuerzo, el orden y el amor a la patria.

Nada, la nada es lo que en su lúgubre horizonte ven estos casi niños, salvo que en su propio hogar tengan quien los oriente y les exija el camino de la excelencia.

No todos aquellos que puedan educarse aprovecharán las oportunidades que se le presenten, pero eso ya será responsabilidad de cada uno. Pero es responsabilidad del Estado crear las condiciones para que toda la juventud del país tenga la oportunidad de formarse y estar preparado para enfrentar el futuro con expectativa de éxito.

No podemos esperar más, los recursos están, se usan para otros propósitos, como por ejemplo en épocas de bonanza darle dinero a quienes no se les exigía trabajo a cambio. Esos recursos, como tantos otros destinados a mal administrar empresas públicas, a viajes que nada aportan, por solo mencionar algunos, hubieran estado mejor asignados a la educación.

No ignoremos para el año que viene que la emergencia de la educación la pagaremos muy cara.

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