Casilda Echevarría
Casilda Echevarría

Las barbas en remojo

Una reciente encuesta de Factum presenta un resultado de intención de voto que denota indefinición, desapego o un deslizamiento de importantes sectores de adherentes a los distintos partidos hacia el voto en blanco. Más allá de la preferencia del electorado por uno u otro grupo partidario, es destacable la tendencia hacia el desengaño, la desilusión y el desinterés que surge del resultado de la encuesta.

Una reciente encuesta de Factum presenta un resultado de intención de voto que denota indefinición, desapego o un deslizamiento de importantes sectores de adherentes a los distintos partidos hacia el voto en blanco. Más allá de la preferencia del electorado por uno u otro grupo partidario, es destacable la tendencia hacia el desengaño, la desilusión y el desinterés que surge del resultado de la encuesta.

El estudio muestra, respecto de la votación en la última elección nacional, una caída significativa de 18 puntos de las simpatías por el Frente Amplio; en tanto, el Partido Nacional registra seis puntos menos y el Partido Colorado disminuye en cinco puntos.

Es interesante el análisis que realiza Factum respecto de hacia dónde se inclinan los votantes que declaran alejarse de los partidos a los cuales les dieron su apoyo en las elecciones de 2014.

De los 18 puntos que pierde el Frente Amplio, el 5,55% se inclina por el Partido Independiente, otro 5,55% por la Unidad Popular y el 5,55% se manifiesta a favor de Novick, el restante 83,33% expresa su desinterés o indiferencia o votaría en blanco.

En el caso del Partido Nacional el 50% de los votos que pierde, votaría a Novick y el otro 50% manifiesta indiferencia o votaría en blanco.

De los votantes que se alejarían del Partido Colorado, el 80% votaría a Novick y el restante 20% se muestra indiferente o votaría en blanco.

Naturalmente es relevante el surgimiento del “voto Novick” que ha crecido significativamente sin estar integrado a un partido formal de alcance nacional. Pero es muy llamativo el flujo que se aleja de las propuestas políticas hoy establecidas y no se siente identificado con ninguna de ellas. Son ciudadanos de este país que no se sienten representados por sus dirigentes, por aquellos a quienes han votado para representarlos.

Tal parece que los políticos no captan el interés de la gente en cuanto a que dediquen su tiempo y esfuerzo a administrar los ingresos provenientes de los impuestos en forma eficiente ya que esos fondos son obtenidos directamente de los bolsillos de los contribuyentes y esperan contrapartida por ellos. Los contribuyentes no son generosos mecenas que deseen mantener una corte selecta con privilegios no merecidos.

Muy por el contrario, trabajan con denodado esfuerzo para mantener a sus familias de modo digno y si bien cualquier ciudadano comprende que debe contribuir a las cargas públicas, pocos son los que hoy están satisfechos con pagar por el licencioso uso que se ha hecho de los dineros públicos.

La mayor contribución que se exige a la población no es para mejorar la calidad de vida, sino para pagar el déficit, es decir para compensar el gasto que el Estado ha realizado por encima de sus ingresos y ello lastimosamente no se ha visto reflejado en una mejora en la tan castigada educación, ni en la infraestructura vial ni en mantener segura a la población.

Los políticos deben saber oír no solo hablar, captar las necesidades de la gente y no perder tiempo y dinero en regulaciones molestas, sean estas de tránsito, de consumo o de actividades de diversión. El pueblo, aun un pueblo conservador como el nuestro, sabrá optar por quien mejor lo interprete y no por aque- llos que aprovechan de la declinante educación para ha-cer de él un pueblo sumiso y obediente.

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