Carlos Alberto Montaner
Carlos Alberto Montaner

El nuevo ciclo populista

En la Argentina de Mauricio Macri a los peronistas les importa un comino que Cristina Fernández de Kirchner y su marido Néstor fueran dos ladrones de tomo y lomo. "Puto o ladrón, queremos a Perón" sigue siendo la consigna de la tribu. Tal vez no somos muy republicanos.

O suficientemente republicanos. Para serlo, es esencial colocarse voluntariamente bajo la autoridad de la ley y respetar los dictados de tribunales imparciales, pero eso nos resulta particularmente difícil. Las repúblicas son estructuras frágiles que solo son capaces de respirar en una atmósfera virtuosa. Fuera de ella, se mueren o se convierten en otra cosa.

En el Brasil del expresidente Lula da Silva y sus compinches de Odebrecht sucede más o menos lo mismo que en Argentina. Las trampas, las coimas, los fraudes masivos, estaban a la orden del día, pero a los partidarios del carismático líder esas violaciones de la ley les traían sin cuidado.

Hace pocas fechas se supo que el propio Lula, contra el criterio de sus propios técnicos, dio instrucciones para que el Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social de Brasil (Bndes) le prestara 600 millones de dólares a la Cuba de los hermanos Castro en condiciones extremadamente favorables.

El objetivo era desarrollar el Puerto de Mariel de la mano de Odebrecht, a sabiendas de que la Isla no podría devolver el préstamo. Una parte sustancial de ese crédito regresó a Brasil, pero en los bolsillos de los políticos corruptos. Era la tajada que repartía Odebrecht clandestinamente, pagada con los impuestos del burlado pueblo brasileño.

El proyecto, dicho sea de paso, con un developer que cargara beneficios razonables costaba la mitad de la cifra abonada a la empresa brasileña.

Pese a esas inmundicias y otras por el estilo muy ajenas a los valores republicanos, Lula —que estaba y sigue en la cárcel— encabezaba las encuestas hasta que los tribunales le prohibieron aspirar a la presidencia.

Tras ese impedimento por corrupto, impuesto por Sergio Moro, un juez ejemplar que montó la operación Lava Jato y se ha enfrentado con un enorme valor a las mafias políticas del Partido de los Trabajadores, Lula ha elegido al profesor Fernando Haddad para que lo sustituya. Se trata de un profesor de Ciencias Políticas, muy radical, exalcalde fallido de São Paulo, que también lleva en su mochila varias acusaciones pendientes por corrupción.

Simultáneamente, ha reclutado como candidato a vice de Haddad a la joven periodista Manuela dAvila, la diputada estrella nada menos que del Partido Comunista de Brasil. La selección de la pareja señala claramente por dónde van (o vienen) los tiros.

El capital está aterrorizado y se escurre del país por todos los agujeros disponibles. Como se ha dicho tantas veces —y enseña la historia— , "no hay animal más cobarde que un millón de dólares".

Por la otra punta electoral, Jair Bolsonaro, el candidato de la derecha en las próximas elecciones de octubre, un excapitán de paracaidistas, tampoco respeta demasiado la legalidad vigente. Habla con peligrosa nostalgia de la época de la dictadura militar, justifica las torturas —en su momento tuvo frases de elogio para el mismísimo Hugo Chávez y su estilo de gobierno—, y lamentó que el ejército no hubiera fusilado a 30.000 personas, entre ellas al expresidente Fernando Henrique Cardoso, a quien acusó de una oculta connivencia con el Partido de los Trabajadores.

Mientras tanto, el muy condecorado exgeneral Hamilton Mourão, su candidato a vicepresidente, masculla torvamente sobre las posibilidades de un golpe si pierden las elecciones por un supuesto fraude. Algunos en Brasil le llaman a Bolsonaro el Trump brasileño. Dios nos coja confesados.

Es muy posible que entremos otra vez en un ciclo populista. Macri en Argentina puede perder el poder como consecuencia de la crisis económica. Las turbulencias económicas son siempre un elemento altamente peligroso. Haddad podría derrotar a Bolsonaro y reestablecer un régimen populista de izquierda. O también Bolsonaro derrotar a Haddad — lo cierto es que están empatados en las encuestas— e iniciar una especie de gobierno populis-ta de derecha, sin ninguna consideración por el dise-ño institucional republicano. Andrés Manuel López Obrador o simplemente AMLO como lo llaman en su país, ha ganado legítimamente las elecciones mexicanas y no se espera que gobierne con prudencia.

En América Latina los dictadores malvados que aún subsisten —Nicolás Maduro, Daniel Ortega, Evo Morales, Raúl Castro y su entenado Miguel Mario Díaz-Canel— no tienen que sentarse a la puerta de su tienda a ver pasar el cadáver de su enemigo. Todo lo que deben hacer para atornillarse en el poder es esperar un nuevo ciclo populista. Desde hace miles de años, el hombre está acostumbrado a tropezar dos veces con la misma piedra.

En eso estamos.

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