JUAN ORIBE STEMMER
El acceso, desarrollo y aplicación del conocimiento científico apareja beneficios económicos, políticos y sociales. Los países con las mejores universidades también son los que ocupan las primeras posiciones en el Índice de Desarrollo Humano elaborado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). La concentración de conocimiento no se refleja solamente en más televisores por habitantes o en lujos parecidos, sino en aspectos mucho más importantes, como la esperanza de vida al nacer, la tasa de mortalidad infantil o el acceso a una enseñanza adecuada.
La encuesta de las mejores universidades de la revista británica Times Higher Education revela como la enseñanza universitaria de mejor nivel se concentra en un círculo limitado de países. Los criterios para elaborar la encuesta incluyen la opinión de la comunidad univer-sitaria y de los empleadores, e indicadores de calidad académica. Un estudio de esta magnitud -y abarcando una variedad tan grande de universidades- puede despertar críticas. Pero, la comparación, por más odiosa que sea, podría servir como un incentivo para un intercambio de ideas sobre un tema tan fundamental.
La encuesta publicada en la revista británica se concentra en las mejores 200 universidades. Sin embargo, como me recordó un amable lector, se funda en un estudio que abarca un número mucho mayor de instituciones.
Vale la pena examinar la información más amplia correspondiente a las 400 mejores universidades.
En este caso, aunque los Estados Unidos continúan concentrando el mayor número de universidades (92 universidades, el 23% de la lista ampliada), seguido por Europa incluyendo a Rusia (175 universidades, el 43% de la lista ampliada), el estudio revela la creciente importancia de los países asiáticos (68 universidades, representando el 17% de la muestra), especialmente del Japón (23 universidades).
En el caso de América Latina, a las tres grandes universidades que figuraban entre las mejores 200 se agregan siete más, incluyendo una uruguaya: la ORT. Por algún motivo nuestra región se encuentra detrás de otras regiones, en una situación de desventaja, acumulativa, en materia de enseñanza e investigación.
La encuesta amplia confirma que un país no necesita tener una gran población o extensión territorial para crear universidades de nivel mundial. Considerando únicamente a los países mejor ubicados en la escala de Desarrollo Humano del PNUD y con una población más pequeña, tenemos a Dinamarca (5,4 millones de habitantes) con cuatro universidades entre las mejores cuatrocientas; Irlanda (4,1 millones de habitantes) con siete universidades; y Nueva Zelanda (4,1 millones de habitantes) con seis universidades en aquel grupo.
La enseñanza y la investigación universitaria es un área de la actividad humana donde la calidad importa más que la cantidad.
La Universidad de Cambridge (considerada la mejor de la Gran Bretaña), tiene 28.775 estudiantes; la Universidad de Auckland, en Nueva Zelanda tiene 37.924 estudiantes (sus actividades de investigación generan 50 millones de dólares); Trinity College Dublín, la universidad de Irlanda mejor colocada en el ranking, tiene unos quince mil estudiantes y su actividad de investigación recaudó 97 millones de dólares en el ejercicio 2006-2007.
Parecería, entonces, que invertir en la materia gris es una buena opción. En varios sentidos.