Antonio Mercader
Antonio Mercader

Votar por el bien de la democracia

Los uruguayos votamos hoy en las elecciones internas de los partidos políticos en donde se definirán, entre otras cosas, los candidatos a la presidencia de la República que competirán en los comicios de octubre. Por cuarta vez consecutiva nuestro país organiza estas elecciones de voto voluntario en las cuales se va acentuando una inquietante tendencia a la abstención. En 1999 votó el 54% de los habilitados, en 2004 el 46% y en 2009 el 44%. Esta noche sabremos si el porcentaje sigue descendiendo.

Los uruguayos votamos hoy en las elecciones internas de los partidos políticos en donde se definirán, entre otras cosas, los candidatos a la presidencia de la República que competirán en los comicios de octubre. Por cuarta vez consecutiva nuestro país organiza estas elecciones de voto voluntario en las cuales se va acentuando una inquietante tendencia a la abstención. En 1999 votó el 54% de los habilitados, en 2004 el 46% y en 2009 el 44%. Esta noche sabremos si el porcentaje sigue descendiendo.

Algunos encuestadores vaticinan que eso ocurrirá en esta ocasión y que la concurrencia a las urnas será de alrededor de un 40% del electorado. Si ese descenso se confirmara sería una mala noticia para nuestro sistema democrático y una señal de que decae entre nosotros la vocación por participar en los asuntos públicos. Entonces habrá que preguntarse y analizar por qué la gente no vota en una instancia en que carece de la obligación de hacerlo.

Por supuesto, cualquier ciudadano tiene su derecho a asumir una actitud prescindente alegando que no se identifica con ninguno de los partidos políticos en pugna y que no encuentra, por tanto, razones valederas para intervenir en sus cuestiones internas. Pero fuera de esos casos lo que prima entre muchos es el desconocimiento absoluto de lo que hoy está en juego, una situación que alcanza por lo menos a un tercio de los habilitados que, según una reciente encuesta de Factum, confesaron su ignorancia total en torno al significado de este llamado a las urnas.

La existencia de este tercio que vive en Babia debiera preocupar a los comunicadores, a los partidos políticos y a las autoridades del gobierno porque delatan una falla en los mecanismos de instrucción cívica y de politización vigentes en nuestro país. Por ello parece necesario adoptar medidas al respecto para que en el futuro la abstención no sea imputable a la ignorancia sino a causas de otra naturaleza.

Esas otras causas son las que afectan a parte de esos dos tercios que sí están informados de lo que se decide en la presente jornada, pero que igualmente prefieren pasar de largo ante los circuitos electorales. Entre las razones de su inacción figuran la apatía, la indiferencia, el cansancio o la decepción que inspiran la política y sus protagonistas. Su prescindencia puede ser una forma de rechazar una actividad que sienten como ajena, impropia y hasta perjudicial. Son actitudes de desinterés que si bien pueden ser explicables reflejan cierta incomprensión de las obligaciones básicas que la democracia impone a los ciudadanos.

Es que a través de su voto los electores no sólo alcanzan a concretar su contribución a la comunidad política de la que forman parte sino que ejercen un derecho. No un derecho-deber puesto que esta instancia electoral no va acompañada de la obligación de sufragar. Empero, quienes opten por abstenerse deberán tener presente que dejan pasar una ocasión de expresarse, de hacer sentir su opinión, una deserción que —al menos para los que atravesamos la oscura época en que los uruguayos no podíamos votar— se traduce en una oportunidad desperdiciada.

En suma, la de hoy es una posibilidad de influir en la marcha de los asuntos públicos seleccionando a los candidatos a la presidencia y fortaleciendo a los partidos políticos que son los pilares de toda democracia. Siempre vale la pena votar.

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