Antonio Mercader
Antonio Mercader

El “Verde” y el de “la derecha”

Lo que empieza bien terminará bien”, sentenció en 2007 con una sonrisa socarrona Danilo Astori. Acababa de firmar la venta de dos tercios de las acciones de Pluna a una empresa privada con nulos antecedentes en el negocio, pero tanto él, como el otro presente, Tabaré Vázquez, exultaban alegría. Era extraño ver a dos estatistas regocijarse por su arreglo con una empresa privada dirigida por gente que de aviación no sabía nada.

Como podía presumirse eso estaba destinado a terminar mal. Cinco años después, Leadgate, la empresa compradora dirigida por Matías Campiani, pedía agua por señas. No podía pagarle la nafta a Ancap y le debía a cada santo una vela. El gobierno, en tanto, seguía desembolsando millones por la flotilla de aviones Bombardier comprados a Canadá para que Campiani hiciera su negocio. Todo para que Uruguay tuviera su “línea de bandera”, algo que el Frente Amplio elevó a la categoría de símbolo de la soberanía nacional.

A mediados de 2012, sorprendiendo a todos, el gobierno de José Mujica, abrumado por la crisis de Pluna y aduciendo que si seguía abierta Uruguay afrontaría un enorme pasivo, decidió liquidarla y vender sus acciones al mejor postor. Había pocas esperanzas de que hubiera compradores en aquel remate. El más confiado en que los habría era José Mujica, quien predijo con aire cómplice que en cuestión de minutos Pluna tendría nuevo dueño.

Así fue. En siete minutos de una parodia de subasta la línea aérea fue adjudicada a un comprador desconocido a quien el rematador identificó como “el caballero de la derecha”. Este caballero camuflado bajo dos nombres distintos era un hombre de confianza de López Mena, el dueño de Buquebus. Contaba para ello con un aval del BROU por 13 millones de dólares. Un aval otorgado sin los requisitos legales que sería la piedra de un escándalo que causó el procesamiento y renuncia del ministro de Economía Fernando Lorenzo y terminó con la carrera de Fernando Calloia en el Banco República.

Los dos habían actuado siguiendo órdenes de Mujica, quien creyó que tenía la varita mágica para sacar al Uruguay del enredo de Pluna y solo consiguió empeorar las cosas. Ni Lorenzo ni Calloia lo culparon directamente, pero no quedó duda que el gran irresponsable fue el presidente de la República, convencido de que podía hacer lo que se le viniera en gana. Los hechos demuestran que se equivocó en todo, incluido el fideicomiso que tomó a su cargo los aviones, cuya creación fue declarada inconstitucional por la Suprema Corte de Justicia.

Ni Vázquez ni Astori hicieron hasta ahora un público mea culpa por los errores cometidos. Mujica sigue paseándose por ahí con cara de yo no fui, mientras el pueblo uruguayo continúa pagando deudas, incluidas las generadas por la compra de los Bombardier hasta las de Alas U, la cooperativa inviable impulsada por el inefable “Pepe” con la misma idea que alumbró el Fondes: “prenderle una velita al socialismo”.

Este cuento de nunca acabar sigue ahora con la demanda millonaria de una empresa panameña llamada Caballero Verde que dice poseer las acciones de Pluna. Esta vez no se trata del “caballero de la derecha” sino otro más peligroso en una historia sin fin, en donde caballeros de verdad hubo pocos.

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