Antonio Mercader
Antonio Mercader

Bajo la sombra de las "tupabandas"

Un reciente asalto cometido por una banda profesional que logró un suculento botín hizo que muchos recordaran delitos similares cometidos tiempo atrás por las "tupabandas".

La captura de uno de los asaltantes, que resultó ser hijo de un tupamaro, refrescó antiguas historias de exmiembros del MLN que salieron a "meter caño", dicen que por su cuenta y riesgo. Mujica y otros antiguos capitostes del grupo alegaron siempre que se trataba de individuos aislados que no respetaban la ley ni aceptaban el juego democrático.

Recuperada la democracia episodios de ese tipo se vivieron en los años ochenta y noventa. Hubo denuncias contra los tupamaros, pero ninguna investigación logró probarles nada. Si los había eran "lobos solitarios". Ningún fiscal se interesó en el tema por entonces a pesar de que corrían rumores de que el MLN, corazón del MPP, había resuelto "hacer finanzas a la antigua". Mujica, Fernández Huidobro y compañía se desmarcaron siempre del asunto.

De lo que nunca pudieron desmarcarse fue de su actuación en la asonada del hospital Filtro. Allí quedaron demasiadas pruebas de que ambos, junto a otros exjefes tupamaros, alentaron una suerte de retorno a la lucha armada para impedir la extradición de tres etarras. En internet todavía pueden escucharse grabaciones de radio Pana-mericana en donde instaban a jóvenes manifestantes a recibir su "bautismo de fuego" en defensa de los vascos que después serían juzgados y condenados por homicidio en la España gobernada por los socialistas.

Eso ocurrió en 1994, casi diez años después del final de la dictadura, lo que demuestra que a pesar de integrar- se al Frente Amplio y abjurar de la lucha armada, aún quedaban partidarios de hacer política mediante la violencia. Mujica y otros declara-ron en el procedimiento judicial pos-Filtro en donde un juez, en una sentencia salomónica, culpó a las dos partes en pugna —manifestantes iracundos y policía represora— de un enfrentamiento cuyo saldo fue de un muerto y varios heridos.

Más adelante, en 2005, el Frente Amplio —incluidos el MLN y el MPP— llegaron al gobierno. Las dos grandes instituciones armadas del Estado —ministerios del Interior y de Defensa— quedaron en manos de extupamaros. Esa situación fue siempre fuente de suspicacias. Casos como el del contador Feldman, que mantenía un arsenal clandestino en el Cerrito de la Victoria, que mató a un policía y acabó muerto al resistir su arresto, permanecieron en la penumbra. Ni el binomio Bonomi-Vázquez ni Fernández Huidobro daban muchas garantías.

Durante estos años toda vez que ocurrió un asalto planificado, con buena logística y gran número de participantes, volvió a hablarse de las "tupabandas". Su existencia no quedó probada a pesar de las sospechas. Por eso sería bueno que este último asalto a un camión blindado en pleno centro de Montevideo se aclarara totalmente. Para tranquilidad de todos sería conveniente que se demostrara que quienes dieron ese golpe eran simplemente delincuentes comunes. Lo menos que se puede pedir es que las autoridades capturen al resto de la banda y brinden a la población la mayor información posible. De lo contrario la sombra de las "tupabandas" seguirá rondando en nuestras cabezas.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te recomendamos
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)

º