Antonio Mercader
Antonio Mercader

Sobrevivientes y tupamaros

Aunque cuesta creerlo los sobrevivientes de los Andes y los tupamaros serán los protagonistas de la muestra a presentarse en el pabellón de Uruguay en la Bienal de Arquitectura de Venecia 2016. Para el jurado que falló en el concurso organizado por la Facultad de Arquitectura los mayores méritos de esta excéntrica propuesta son su originalidad y su capacidad de “ensanchar los límites de lo pensado”.

Aunque cuesta creerlo los sobrevivientes de los Andes y los tupamaros serán los protagonistas de la muestra a presentarse en el pabellón de Uruguay en la Bienal de Arquitectura de Venecia 2016. Para el jurado que falló en el concurso organizado por la Facultad de Arquitectura los mayores méritos de esta excéntrica propuesta son su originalidad y su capacidad de “ensanchar los límites de lo pensado”.

Sobre su originalidad no hay dudas. En cambio sí las hay sobre la pertinencia de poner a sobrevivientes y tupamaros en la misma bolsa. La única justificación para juntarlos es la repercusión internacional de ambas experiencias, de las pocas producidas por nuestro país que captaron la atención del mundo. Este criterio tan marketinero no justifica su conjunción en una bienal cuyo título es “Reportando desde el Frente” y que busca exhibir soluciones creativas, con sentido social, para problemas arquitectónicos y urbanísticos, según su curador general, el chileno Alejandro Aravena.

Los autores del proyecto ganador sostienen que sobrevivientes y tupamaros usaron el espacio físico de manera innovadora para vencer la adversidad. Los primeros porque convirtieron en su hogar el fuselaje del avión accidentado. Los segundos -y esto cuesta entenderlo- porque privados de una selva en donde esconderse, construyeron “una realidad paralela con cavidades para desaparecer” entre las cuales podrían citarse los refugios clandestinos, los “berretines”, las “cárceles del pueblo” y hasta las cloacas de Montevideo.

Mientras el caso de los sobrevivientes es fácil de captar y hubiera bastado como objeto de análisis por sus múltiples derivaciones, cuesta comprender la inclusión de los tupamaros en la exposición. En los Andes fueron las víctimas de un accidente quienes hicieron todo por sobrevivir incluido el uso del avión y su equipamiento como refugio e instrumento de salvación. Los tupamaros, en tanto, eligieron su destino, arriesgaron sus vidas y las de los demás al tiempo que fabricaron escondites típicos de las guerrillas urbanas de entonces, entre ellas las de la propia Italia, antecesoras de las Brigadas Rojas. Lo suyo no fue ni original ni una “lucha contra la adversidad” pues ejecutaron un plan minuciosamente concebido para destruir la frágil y permisiva democracia de la época (primera mitad de los años 60), cosa que lograrían una década después como cocausantes de la intervención militar y el golpe de Estado.

No tiene sentido comparar la epopeya de un grupo de muchachos atrapados en la nieve con las andanzas de los autores de un fallido conato revolucionario. Ni la amplitud conceptual con que suelen admitirse los proyectos en estas bienales ni la exhortación a “pensar lo impensado” autorizan a postular a los tupamaros como ejemplo de creatividad por su “utilización del espacio urbano” (suena ridícula la idea de que construyeron un “equivalente a la selva”). Juntarlos con los sobrevivientes en el Pabellón de Uruguay en Venecia luce impostado y, sobre todo, oportunista.

Para rematar la faena, solo faltaría que el invitado de honor para inaugurar el pabellón fuera José Mujica contándole al mundo la fábula de los heroicos guerrilleros que se levantaron en armas contra una dictadura militar.

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