Antonio Mercader
Antonio Mercader

Los 44 sirios a la chacra de Mujica

Un sentimiento colectivo de vergüenza se apoderó de los televidentes que oyeron a los sirios despotricar contra el Uruguay, el país que les dio refugio. Fue duro escucharlos decir que aquí se vive mal, se pasa hambre, falta seguridad y no hay futuro. Quizás exageraron, pero aun así es doloroso que le canten a uno cuatro verdades, sobre todo si lo hacen extranjeros que viven de la caridad uruguaya.

Un sentimiento colectivo de vergüenza se apoderó de los televidentes que oyeron a los sirios despotricar contra el Uruguay, el país que les dio refugio. Fue duro escucharlos decir que aquí se vive mal, se pasa hambre, falta seguridad y no hay futuro. Quizás exageraron, pero aun así es doloroso que le canten a uno cuatro verdades, sobre todo si lo hacen extranjeros que viven de la caridad uruguaya.

Dio pena verlos acampar en la Plaza Independencia o bajo los portalones del Palacio Estévez “en situación de calle”. Una especie de toldería plagada de niños y mujeres con sus cabezas cubiertas por razones religiosas. Una denuncia contra el país que los trajo y que no logró integrarlos por las buenas. Un golpe contra José Mujica y su gobierno que tanta propaganda hicieron con ellos en tiempos preelectorales de mucho marketing en torno al “presidente más pobre del mundo”.

Mujica, el mismo que los recibió en el aeropuerto de Carrasco, el que en vísperas de las elecciones -con las cámaras de TV siguiéndolo- les llevó de regalo unos zapallos y unos frascos de tomate; Mujica, el ejemplo mundial de presidente solidario, humano, diverso y candidato al premio Nobel de la Paz fue el principal responsable de su venida. Por tanto, sería de justicia que fuera él quien solucionara sus problemas dándoles refugio, pan y seguridad en su chacra.

Sí, en su chacra de veintitantas hectáreas en donde cabrían de sobra los 44 sirios. Allí, según dicen, cultivan flores, lechugas, nabos, papas y zanahorias. Podrían también plantar marihuana e inscribirse en la lista de proveedores oficiales de la droga cuya liberalización fue impulsada por el dueño de casa. Así, los refugiados tendrían trabajo asegurado en la huerta sembrando y regando, una tarea digna, ennoblecedora, que podrían realizar además sin temores a ser rapiñados pues Mujica, como expresidente, tiene una custodia policial permanente.

Asimismo, podrían alojarse provisoriamente en alguno de los galpones de la chacra en tanto se construyen las viviendas. Y si trabajan bien, el dueño de casa podría premiarlos cada fin de semana invitándolos a un asado en el célebre Quincho de Varela para que degusten a sus anchas las sabrosas especialidades de la cocina nacional.

Tendrían además la posibilidad de alternar con otro ilustre morador de la chacra, el diputado Daniel Placeres, quien podría explicarles cómo se hace para viajar 85 veces a Caracas pagando el billete de su propio bolsillo, según le contó al semanario Brecha. Quizás tenga la fórmula para que los sirios, ahorrando peso sobre peso, puedan tomarse algún día el anhelado avión que los lleve a Europa o Medio Oriente, lejos de este paisito al que ven sin futuro.

Sí, sería de justicia que quien conmovió al Uruguay cuando los trajo se ocupe de ellos cuando están en la mala. En tal sentido, un ofrecimiento de su parte sería bien visto aquí y en otras latitudes en donde está conceptuado como un santo en vida. Además, si los lleva a su chacra se pondría a la par de otro gobernante que ya se prestó a alojar a emigrantes sirios en su casa. Es el primer ministro de Finlandia, Juha Sipila, que dijo que los recibirá para dar ejemplo a sus compatriotas.

Sería imperdonable que Mujica se dejara ganar de mano por un gobernante finlandés.

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