Antonio Mercader
Antonio Mercader

Reculando en chancletas

Es muy gráfica esta expresión popular. En efecto, es difícil moverse hacia atrás cuando uno usa el calzado de esa forma. Lo sabe el gobierno que dio marcha atrás en su decisión de suspender las obras del Antel Arena. Una decisión sorpresiva que mostró debilidad de la administración de Tabaré Vázquez ante las presiones del sector de Mujica, el grupo de Sendic, los comunistas y su natural furgón de cola: el Pit-Cnt.

Es muy gráfica esta expresión popular. En efecto, es difícil moverse hacia atrás cuando uno usa el calzado de esa forma. Lo sabe el gobierno que dio marcha atrás en su decisión de suspender las obras del Antel Arena. Una decisión sorpresiva que mostró debilidad de la administración de Tabaré Vázquez ante las presiones del sector de Mujica, el grupo de Sendic, los comunistas y su natural furgón de cola: el Pit-Cnt.

Por más que se diga que es una obra relevante para un barrio capitalino, el tema no deja de ser municipal y espeso, una obra de menor cuantía que no justifica la trascendencia que se le ha dado. Tanto destaque demuestra que detrás del tironeo por la construcción de ese “estadio multimodal” subyace la pugna entre dos fracciones del Frente Amplio que vienen mirándose fijo hace tiempo. Una, la encabezada desde el Ejecutivo por la dupla Vázquez-Astori; otra, la que tiene como corazón al MPP y posee la mayoría de los legisladores frentistas.

Lo del Antel Arena -como lo del Fondes, la liberalización de la marihuana o la venida de más familias sirias (iniciativas de Mujica más o menos discutidas o trabadas por el nuevo gobierno)- fue el diferendo elegido para medir fuerzas. De pronto, la continuidad o la suspensión de una obra declarada inconstitucional por el Tribunal de Cuentas, la situación de su centenar de obreros cesantes y las expectativas de un barrio saltaron a los titulares y hasta a los muros de la ciudad con grafitis pintados de apuro exigiendo su realización como si la salvación nacional dependiera del Antel Arena. Atrás quedaron las reflexiones de Astori sobre la conveniencia de revisar todos los aspectos del emprendimiento para resolver si valía la pena invertir 80 o 100 millones de dólares para reemplazar al extinto Cilindro Municipal. Dineros que según se dijo merecían adjudicarse antes que nada a asuntos nacionales y no municipales, ellos sí de extrema importancia como la mejora en los servicios de agua potable.

Así, una de las iniciativas de Carolina Cosse -figura estelar del mujiquismo, citada como candidata presidencial a futuro- quedó en pie. Si bien Vázquez le había impedido designar al vicepresidente de Antel y vetado el uso de la Torre del ente para instalar su despacho de ministra de Industria, esta vez ella se salió con la suya y se levantará ese estadio que algún día tal vez lleve su nombre (todo es posible con el FA en el poder). Ahora, confirmada la vida del proyecto, llega el debate sobre su financiación en donde se oyen propuestas de todo tipo, incluido el aporte privado (un tanto vidrioso en virtud del revuelo suscitado por la obra) o de un fideicomiso, idea esta última aportada por el resucitado Mariano Arana, reconvertido hoy en edil capitalino y, por lo visto, en cerebro de operaciones financieras que permitan erigir el Antel Arena. Tanta inquietud de Arana (a quien los frentistas escuchan como si fuera un santón) habría sido más útil si la hubiera aplicado cuando era intendente a cuidar mejor del Cilindro Municipal y evitar la degradación que acabó por abatirlo.

Lo peor de esta reculada en chancletas es que podría ser un anticipo de lo que traerá la discusión del presupuesto. Esta imagen de Vázquez y Astori cediendo a las presiones del mujiquismo y su combo para aumentar el gasto no es un buen augurio.

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