Antonio Mercader
Antonio Mercader

Pocitos y Carrasco, cuna de los "malos"

Hablando de los "autoconvocados", el ministro de Trabajo, Ernesto Murro, distinguió entre "el productor rural pata en el barro" y "el que vive en Carrasco o Pocitos y cobra muy bien por la tierra que arrienda".

Estas frases trasuntan dos prejuicios comunes en la izquierda: que el mundo se divide entre buenos y malos (la izquierda, por supuesto, está siempre con los buenos) y que los malos anidan en Carrasco y Pocitos. Así de simple es la realidad para el ministro.

Aunque Murro no lo dijo expresamente, sus dichos sugieren que los "autoconvocados" de "pata en el barro" son utilizados por un grupo de oligarcas de la tierra vinculados a los partidos políticos de oposición. Sería lamentable que todo el gobierno cayera en el mismo simplismo. El movimiento rural que nació este año es mucho más complejo y fermental. Y si no que lo diga el ministro de Ganadería, Enzo Benech, cuyo propio hijo es un "autoconvocado" más. ¿Será de los buenos o de los malos en la clasificación de Murro?

Si las ideas del ministro de Trabajo fueran un caso aislado habría que desdeñarlas y nada más, pero no es así. El Frente Amplio —o buena parte de él— ha convertido esa retórica del "nosotros" y "ellos" en su biblia para interpretar lo que pasa. Es el reflejo de la doctrina de la lucha de clases que reaparece en todo su esplendor. En esa visión siempre hay explotadores y explotados aunque pocos frentistas reconozcan que acá el mayor explotador es el Estado que ellos mismos se encargan de engordar todos los días.

El otro simplismo de Murro es el de estigmatizar ciertos barrios montevideanos, una vieja práctica del Frente Amplio. Ese santo varón de la izquierda que es José Mujica colocó años atrás a los "pitucos de Pocitos" y los "cajetillas de Carrasco" en el bando de los malos que había que combatir. Por entonces alguien le avisó que en Pocitos había mucho voto frentista por lo cual el inefable "Pepe" aclaró después que solo quiso referirse a Carrasco. Así de fácil. Pese a ello Murro no hace distinciones entre los dos barrios en donde, como es sabido, viven, con total naturalidad, gobernantes y dirigentes del Frente Amplio.

Las afirmaciones del ministro de Trabajo demuestran además cómo sobreviven todavía en ciertas cabezas las ideas básicas de Carlos Marx: la sociedad dividida en clases con intereses antagónicos; la explotación; la dialéctica del amo y el esclavo.

Razonando sobre esa base todo lo que ocurre tiene una explicación sencilla: ahí están los buenos luchando contra los malos. No les importa recordar que sobre ese esquema —socialismo bueno, capitalismo malo— países enteros se derrumbaron, víctimas de la simplificación del marxismo. Es como si la caída de la Unión Soviética y sus satélites, o las catástrofes actuales en Cuba y Venezuela, no les hubieran enseñado nada.

Lo peor del caso es que esas expresiones ministeriales trasmiten a la gente actitudes que no le hacen bien al país: los "pata en barro" contra los terratenientes, Maroñas o el Cerro contra Pocitos y Carrasco. Predicando ese credo quizás Murro crea que puede descalificar ante la opinión pública a los "autoconvocados", lo que indica que no los entiende ni tiene la menor idea de lo que está pasando en el agro.

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