Antonio Mercader
Antonio Mercader

Una Navidad sin ley ni autoridad

En los últimos años Uruguay se ha ido ganando la imagen de un país sin ley ni autoridad que la haga respetar.

Lo ocurrido en Nochebuena en Montevideo, Rocha y Rivera, por citar los casos más graves, demuestra que es así. En todos los incidentes los vecinos afirman que la policía recibió aviso de los desmanes, pero que no intervino.

Lo mismo había ocurrido dos semanas atrás ante la destrucción que un grupo de vándalos sembró a su paso por el centro de Montevideo. Un pelotón policial que los siguió de cerca se abstuvo de intervenir incluso cuando dos sedes diplomáticas fueron atacadas. Particulares y comerciantes tuvieron la misma sensación de indefensión. Es como si los vándalos actuaran con licencia para romper vidrieras, enchastrar paredes y, llegado el caso, pelear entre ellos a botellazo limpio.

Está claro que la policía tiene orden de no intervenir, incluso hasta cuando los desmanes ocurren en la puerta de una comisaría como pasó en la ciudad de Rocha en donde ni un agente salió a asomar la cabeza. O como en medio de la trifulca de Malvín, cuando se divisó a lo lejos a un coche policial que según se informó hizo solo “presencia de visualización”. ¿Parar la pelea? ¿Contener a los iracundos? Nada de eso.

Tras casi 15 años de tolerancia y vale todo, la izquierda deja así en evidencia su concepto de seguridad pública. Lo dijo ahora gráficamente el jefe de Policía de Rivera cuando le recordaron que las riñas en las calles se repetían en Navidad año a año. A modo de explicación dijo que en el futuro se estudiaría “un protocolo para evitar” esos hechos para no tener que salir después “a reprimir”.

Es que por definición la izquierda no reprime. Tolera, soporta, mira para otro lado, en tanto la gente banca el caos y la violencia. La orden del ministerio del Interior a sus miles de policías queda muy clara: eviten reprimir. Esa es la norma que lleva 14 años en vigencia y que transformó al país en tierra de nadie. Es además la aplicación del sentido de condescendencia con que la izquierda suele tratar a los desmandados cuyos derechos humanos parecen valer más que los de los ciudadanos de a pie.

Ese temor a reprimir está detrás de tantos excesos. En otros países con gobiernos de izquierda dominados por el mismo sentimiento de tolerancia la solución se ha buscado exagerando las medidas de prevención. Así nos llaman la atención a veces las imágenes de cientos de policías desplegados militarmente en la calle, su vestimenta y su atemorizante equipo de guerra, recursos con los cuales buscan intimidar a los agresivos para que reflexionen antes de iniciar sus correrías. Aquí, ni eso, pese a que los recursos sobran.

Después, como en el caso de Malvín, viene el cruce de reproches y acusaciones entre los comerciantes, la intendencia, el municipio y la policía. Empero, indagar si tal o cual fiesta callejera estaba autorizada no tiene sentido porque está visto que aun con autorización los violentos ganan la calle y nadie los mueve de allí.

La inseguridad está atada a gobiernos de izquierda como el FA que no se atreven a reprimir cuando hay que hacerlo. Por eso, quienes voten al FA deben saber que están votando por los malones y la inseguridad. Y después que no se quejen.

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