Antonio Mercader
Antonio Mercader

Mujica y su adiós al Premio Nobel

Para decepción del oficialismo, el sueño del Premio Nobel de la Paz se esfumó anteayer de manera definitiva para José Mujica cuando el Comité Nobel se lo dio a la paquistaní Malala y al indio Kailash Satyarthi. Mujica compitió en 2013 apoyado por la Fundación Gorbachov mientras que este año su candidatura fue lanzada por un grupo de profesores alemanes entusiasmados por la legalización de la marihuana en Uruguay.

Es difícil saber cuántas iniciativas del presidente uruguayo se tomaron al influjo de esa candidatura, pero hay razones para sospechar de algunas empezando por aquella fallida tentativa por mediar entre el gobierno colombiano y la guerrilla de las FARC hasta su reciente arremetida para traer a los seis presos de Guantánamo. Dejando a los recién llegados sirios de lado, otras acciones podrían citarse en donde Mujica actuó guiado por razones que cuesta entender.

Aunque desde el entorno presidencial digan ahora que la conquista del Premio Nobel nunca desveló a Mu

Para decepción del oficialismo, el sueño del Premio Nobel de la Paz se esfumó anteayer de manera definitiva para José Mujica cuando el Comité Nobel se lo dio a la paquistaní Malala y al indio Kailash Satyarthi. Mujica compitió en 2013 apoyado por la Fundación Gorbachov mientras que este año su candidatura fue lanzada por un grupo de profesores alemanes entusiasmados por la legalización de la marihuana en Uruguay.

Es difícil saber cuántas iniciativas del presidente uruguayo se tomaron al influjo de esa candidatura, pero hay razones para sospechar de algunas empezando por aquella fallida tentativa por mediar entre el gobierno colombiano y la guerrilla de las FARC hasta su reciente arremetida para traer a los seis presos de Guantánamo. Dejando a los recién llegados sirios de lado, otras acciones podrían citarse en donde Mujica actuó guiado por razones que cuesta entender.

Aunque desde el entorno presidencial digan ahora que la conquista del Premio Nobel nunca desveló a Mujica, los hechos indican lo contrario. En 2013, cuando Gorbachov lo nominó, el presidente envió a Ginebra a dos allegados, el embajador en Argentina, Guillermo Pomi, y el edil capitalino Daniel Placeres, que vive en su chacra. Los dos trabajaron en la presentación de un elogioso texto sobre vida y obra del presidente.

Ese texto enviado al Comité Nobel no desmintió afirmaciones erróneas de la Fundación Gorbachov, la más grave de las cuales fue señalar que Mujica había combatido contra la dictadura militar instalada en Uruguay entre 1973 y 1985. En la misma línea tampoco se aclaró que el candidato tomó las armas para derrocar a un gobierno democrático a fin de instaurar en el país una dictadura de tipo castrista. Más grave aún, los redactores de ese mensaje dijeron que la guerrilla tupamara fue “exitosa”, cosa insostenible por donde se la mire.

Todo el proceso en procura del Nobel tuvo costos para el país. Para empezar, un costo material que sería interesante conocer en detalle. Y además una pérdida de tiempo y energías del gobierno en una cuestión de carácter personal consistente en lustrarle el ego a un presidente seducido por las luces del escenario internacional. Prueba del esfuerzo que el propio Mujica puso en el asunto es que el año pasado, cuando alguien dudó que hubiera tenido real chance de lograr el Nobel, “fuentes” de la Presidencia aclararon que había figurado “entre los diez finalistas”.

Si figuró o no, importa poco. Mujica es un presidente en retirada al que le quedan unos meses en el mando. En cambio, habría que ver hasta dónde influyó ese intento por alzarse con el Nobel en la adopción de audaces medidas que le aportaron aplausos y elogios como ocurrió por ejemplo con la discutida aprobación de la ley de la marihuana. Una ley que lo elevó a los titulares de la prensa mundial y desencadenó su segunda postulación al Nobel, aunque por ahora no está vigente en Uruguay.

Lo mismo ocurre con los presos de Guantánamo, esa “boleta” que le franqueó el acceso a la Casa Blanca y a Barack Obama. Mucho hablar de los seis presos, mucho estruendo publicitario, mucho acusar de “alma podridas” a sus opositores, pero al final no vinieron. Marihuana y Guantánamo, he ahí dos temas que simbolizan esa extraña atracción de Mujica por los brillos internacionales, aunque menudo embrollo significan para el próximo gobierno. En fin, todo sea por el Nobel.

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