Antonio Mercader
Antonio Mercader

José Mujica, de cerca y de lejos

Cualquiera que haya viajado al exterior se ha topado alguna vez con expresiones elogiosas sobre José Mujica. A los extranjeros cuesta explicarles que no es oro todo lo que reluce y que visto desde cerca su imagen es menos refulgente.

Nos hablan del "presidente más pobre" del mundo, del guerrillero preso por luchar contra la dictadura y, sobre todo, de sus sabias palabras.

Que esa imagen circule entre gente poco informada que se traga el estereotipo del Mujica chacarero y defensor universal del bien, es comprensible.

Lo que cuesta entender es que personalidades de nivel se traguen la pastilla sin poner un pero. Es el caso del escritor y exvicepresidente de Nicaragua, Sergio Ramírez, quien lo elogió en el diario La Nación, el domingo pasado.

Ramírez, hoy crítico de Daniel Ortega, es un ejemplo de la confusión en torno a Mujica. Con admiración cita sus dichos sobre la represión en Nicaragua. Dijo Mujica: "Me siento mal porque conozco gente tan vieja como yo, porque recuerdo nombres y compañeros que dejaron la vida en Nicaragua, peleando por un sueño. Y siento que algo que fue un sueño cae en la autocracia. Quienes ayer fueron revolucionarios perdieron el sentido de la vida. Hay momentos en que hay que decir me voy", concluyó.

Ramírez, viejo socio de Ortega y uno de los líderes históricos del sandinismo, comparte esas palabras de Mujica que según él representan "los fundamentos éticos de la izquierda". Critica al Foro de San Pablo por haber votado "con pasmoso cinismo" una declaración de apoyo al gobierno de Managua en donde se ignoran los más de 300 muertos en la represión y se denuncia la injerencia yanqui. Ramírez se pregunta si "la del Foro de San Pablo es la izquierda, o lo es la que representa el pensamiento humanista de Mujica". Y volcándose a favor del expresidente alaba su "sentimiento y sensibilidad".

Lo que Ramírez ignora es que más allá de las palabras que —con tanta destreza, reconozcamos— maneja Mujica, hay hechos que revelan su constante ambigüedad. A pesar de que su sector, el Movimiento de Participación Popular (MPP), se sumó a la condena a Ortega del Senado uruguayo, un diputado de ese grupo político, Daniel Caggiani, participó en el Foro de San Pablo sin discrepar con la declaración de respaldo a Ortega.

¿Cómo es posible que un representante de Mujica en esa olla de grillos de la izquierda jurásica que es el Foro de San Pablo, no haya trasmitido el pensamiento de su líder? ¿Cómo, en vez de apoyar a Ortega, no lo tildó de autócrata y le aconsejó que abandonara la presidencia de Nicaragua como sugiere su jefe?

Aparte, el MPP se negó a firmar una carta de condena a Ortega suscrita por políticos e intelectuales uruguayos. Así, la duplicidad entre palabras y hechos es clara. Lo raro es que un agudo escritor como Ramírez, se haya quedado con las palabras sin investigar más. Es lo que pasa con Mujica mirado por extranjeros. Se quedan con su discurso de viejo mandarín, su leyenda de exguerrillero y todo el folclore que lo rodea. Si lo juzgaran por lo que hizo y hace, otro gallo cantaría.

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