Antonio Mercader
Antonio Mercader

Lo de Guantánamo también salió mal

Salió mal lo de traer presos de Guantánamo. Mal para el Uruguay que no logra integrarlos y mal para los Estados Unidos.

Salió mal lo de traer presos de Guantánamo. Mal para el Uruguay que no logra integrarlos y mal para los Estados Unidos.

Para Uruguay, porque los refugiados se convirtieron en nuestros peores propagandistas. Al igual que los sirios que dijeron que nuestro país era inseguro, pobre y descartable como lugar para vivir, ahora es un liberado de Guantánamo, Jihad Dhiab, quien advierte a sus compañeros presos que no vengan a Uruguay porque “es preferible la cárcel” a vivir en Montevideo.

Para Estados Unidos, la experiencia fue tan mala que los republicanos quieren vetar en el Congreso la evacuación final de Guantánamo prometida por Barack Obama. Alegan que Uruguay no controló a los seis refugiados y que erró al alojarlos cerca de la embajada yanqui. Recuerdan que los ex-presos acamparon ante la sede diplomática y que paseaban por sus cercanías de modo amenazante. Lo que pasó en Uruguay -dicen- puede repetirse y agravarse en otros países.

El desencanto de Obama con Uruguay debe ser grande. Nuestro país fue el elegido para hacer el “test” de cómo era posible integrar a los de Guantánamo en América Latina. Si aquí la cosa marchaba otras naciones de la región podrían acoger más presos. Por eso, José Mujica fue recibido en la Casa Blanca con elogios por su hospitalidad para los refugiados. Después Mujica advirtió que pasaría “la boleta”.

Hoy sabemos en qué consistía “la boleta”. Aparte de la promesa de comprarnos naranjas, la Casa Blanca entró en otros tratos. Por ejemplo, la elección de Luis Almagro como conductor de la OEA. Sin apoyo yanqui el ex-canciller nunca habría llegado a Washington para instalar en esa organización un “pesebre” -como dirían los españoles- en donde alimentar a correligionarios desocupados como Diego Cánepa, Luis Porto y -según se anuncia- Luis Rosadilla. ¡Un comité de base en Washington!

Como otros actos de la administración anterior el proceso se revistió de engaños y torpezas. Engaños, como el que perpetró Mujica al proclamar al principio que todo se hacía por solidaridad con los sufrientes presos de Guantánamo. O cuando desmintió que Obama le hubiera impuesto la condición de sujetarlos en Uruguay por dos años cuando es obvio que tal condición existe y se cumple a rajatabla.

En cuanto a las torpezas la lista es larga. Desde meter al Pit-Cnt como custodio de los refugiados hasta dejar que uno se fugara un día a Buenos Aires, la suma de errores alarmó a los republicanos que insisten en que “los 6 de Uruguay” son de “alto riesgo”. Alojarlos en la vecindad de la embajada yanqui y dejar que protestaran en su puerta es lo que los republicanos reprochan a Obama como muestra de la improvisación del operativo. Por si algo faltaba, cuentan que uno de los refugiados fue denunciado en un juzgado por amenazar con un cuchillo a su flamante esposa uruguaya. ¡Esa es la buena gente que trajimos!

Así termina mal uno de los planes magistrales de Mujica, esos que le dieron fama internacional. Obama sale decepcionado pues los republicanos dicen que las fallas de su plan piloto en Uruguay prueban que conviene mantener entre rejas a los presos de Guantánamo. Y nuestro país vuelve a quedar mal parado por otra “viveza” de Mujica.

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