Antonio Mercader
Antonio Mercader

Frente Amplio: la esperanza nonata

Hermano, no te vayas! Ha nacido una esperanza". Ese eslogan de campaña del Frente Amplio en su debut electoral en 1971 no rindió nada a juzgar por los magros resultados electorales obtenidos entonces por la izquierda.

Todo indica que la propensión a emigrar de los uruguayos no era el problema que entonces afligía al país aunque así lo percibían los dirigentes frentistas a quienes les gustaba bromear con aquello de que "el último que se vaya que apague la luz".

Es que la tendencia a salir del Uruguay en busca de nuevos horizontes venía de atrás cuando el Frente Amplio creyó descubrirla como la quintaesencia del problema nacional y la tomó como caballito de batalla. El sociólogo César Aguiar lo había demostrado en su ensayo Uruguay: país de emigración, en donde las cifras probaban la proverbial inclinación de los uruguayos a cambiar de aires, en la mayor parte de los casos buscando mejores empleos, algo que la vecina Argentina ofrecía desde siempre.

Para el Frente Amplio, sin embargo, la emigración era algo así como una lacra, fruto de la mala gestión de blancos y colorados, o efecto de las persecuciones políticas, en particular la que el gobierno de facto desató en los años setenta. Bajo esa perspectiva la salida del país de decenas de miles de compatriotas fue siempre considerada desde la izquierda como un sinónimo de fracaso de las políticas de gobierno.

El tema se tornó interesante cuando al Frente le tocó gobernar. Bendecido por una bonanza en los precios de nuestras agroexportaciones y el consiguiente crecimiento del producto, la izquierda logró cifras récord de desempleo que sofocaron los clásicos pujos migratorios de los uruguayos, situación que en general persiste hasta la fecha.

De todos modos, lo que no logró la izquierda fue mitigar la propensión a emigrar del sector de punta de la sociedad uruguaya, el que integran los jóvenes más preparados y ambiciosos que sienten que el país atenaza sus posibilidades de desarrollo personal. Eso es lo que reveló un estudio realizado en la Facultad de Ciencias Económicas de la UdelaR, según el cual casi un tercio de los jóvenes entre 19 y 29 años están buscando oportunidades de trabajo en el exterior. Sus conclusiones son similares a trabajos anteriores efectuados a partir de la Primera Encuesta Nacional de Juventud en 1990.

Por entonces se hablaba mucho de la "fuga de cerebros", una sangría de creatividad y talento en beneficio de los países desarrollados que tenían —y tienen— políticas de captación de jóvenes con capacidades descollantes. El tema hizo carne en el sector dedicado a la ciencia y la tecnología en donde expertos cuidadosamente formados en nuestro país aceptaron ofertas de trabajo que superaban con creces lo que Uruguay podía otorgarles.

Otros países que enfrentaron situaciones parecidas —Chile, por ejemplo— idearon programas lo suficientemente atractivos como para contrarrestar esa fuga. Algo se hace en Uruguay, pero no alcanza a revertir la tendencia a tomarse el avión de los jóvenes más capacitados. Aunque podrá discutirse si aquella esperanza de que hablaban quedó nonata en los hechos, lo cierto es que los "hermanos" más calificados siguen pensando en abrirse camino hacia el aeropuerto.

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