Antonio Mercader
Antonio Mercader

Lo que faltaba:Mujica canciller

Hasta ahora era un rumor, pero según el semanario Búsqueda el dato tiene visos de realidad: si Tabaré Vázquez gana las elecciones José Mujica puede ser su canciller. A estas alturas, cuando uno creía agotada la capacidad de sorpresa tras una década de gobiernos frentistas, llega esta noticia difícil de digerir.

Hasta ahora era un rumor, pero según el semanario Búsqueda el dato tiene visos de realidad: si Tabaré Vázquez gana las elecciones José Mujica puede ser su canciller. A estas alturas, cuando uno creía agotada la capacidad de sorpresa tras una década de gobiernos frentistas, llega esta noticia difícil de digerir.

Difícil, porque de los atributos mínimos exigibles a un ministro de Relaciones Exteriores Mujica parece contar con pocos. Quienes lo impulsan como jefe de nuestra diplomacia dicen que su prestigio internacional sería su carta de presentación. Aun admitiendo que ganó fama en el mundo con su condición de ex guerrillero y filósofo del bien, cuesta creer que ese sea el fundamento para adjudicarle un cargo que requiere características que no adornan su personalidad.

La primera de ellas tiene que ver con la biología, por usar esa expresión tan empleada por Vázquez. Con 80 años (que Mujica cumplirá en mayo próximo) y antecedentes de problemas circulatorios que lo obligaron varias veces a suspender o acortar viajes al exterior, es claro que no está en condiciones de afrontar el traqueteo de un canciller. La diplomacia actual, plagada como está de bloques regionales y reuniones de todo tipo, le impondría subirse a un avión semana por medio para representar al país. Ocurre que la presencia física del canciller es indispensable en la mayoría de los casos y si no que le pregunten a Luis Almagro que está por batir el récord de millas de vuelo.

Otras características que Mujica no posee son las que suelen exigirse a los diplomáticos. Por citar a un clásico, el francés Bernard de Rosier resaltaba entre las virtudes de quien practique esa profesión la veracidad, la temperancia y la sobriedad. Veamos. Para empezar, el artífice del lema “como te digo una cosa te digo la otra” mal podría ser tomado por veraz. Además, la exaltación es parte de su temperamento proclive a los arrebatos y muy distante de lo que se conoce como tacto diplomático. Por último, la sobriedad, al menos en su forma de presentarse en público y en sus gestos, no parece ser el fuerte de Mujica.

Otro conductor de embajadores, el célebre Talleyrand que sobrevivió a la monarquía, a la Revolución Francesa y a Napoleón, sostenía que un canciller debe dar el ejemplo a sus subordinados actuando con sutileza, hablando poco y escuchando mucho, lo cual no coincide, precisamente, con el identikit de Mujica. El mismo Talleyrand decía que “en diplomacia puede hacerse de todo menos improvisar”, un consejo que, a la vista de los resultados obtenidos, no ha calado hondo en nuestro ministerio de Relaciones Exteriores desde que está en manos de la izquierda.
Justamente, dirigir ese ministerio no es tarea fácil pues implica elaborar planes de largo plazo, mantener en orden sus siempre intrincados asuntos administrativos y manejar con buen criterio un cuerpo diplomático desperdigado por el mundo. En otras palabras se necesita una mínima capacidad de gerenciar que no se le conoce a Mujica a juzgar por sus antecedentes como titular de otro ministerio.

En suma, si Vázquez ganara las elecciones (cosa cada vez más improbable) tendríamos un presidente cuasi octogenario secundado por un canciller octogenario. ¡Lindo panorama! Que no se extrañen entonces si la gente clama por la renovación y vota por los jóvenes como acaba de hacerlo en las elecciones internas.

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