Antonio Mercader
Antonio Mercader

Elecciones con el “voto electrónico”

El fracaso del plan que incluyó el uso de “ceibalitas” en las elecciones internas de junio no debería desanimar a la Corte Electoral en el intento por modernizar sus sistemas. Tarde o temprano, las nuevas tecnologías tan útiles para tantas cosas tendrán que jugar un rol más relevante el día de las elecciones para lograr que sea la Corte —y no las empresas encuestadoras con los errores y correcciones de cifras registrados el pasado 26 de octubre— la que revele el contenido de las urnas.

El fracaso del plan que incluyó el uso de “ceibalitas” en las elecciones internas de junio no debería desanimar a la Corte Electoral en el intento por modernizar sus sistemas. Tarde o temprano, las nuevas tecnologías tan útiles para tantas cosas tendrán que jugar un rol más relevante el día de las elecciones para lograr que sea la Corte —y no las empresas encuestadoras con los errores y correcciones de cifras registrados el pasado 26 de octubre— la que revele el contenido de las urnas.

Para avanzar por ese camino debe superarse la discusión entre los sostenedores del actual sistema manual, con alta participación humana, y los partidarios de introducir la digitalización parcial o total. Quienes abogan por seguir igual tienen sus argumentos. Dicen que en el escrutinio primario, el que se hace en la misma mesa electoral en la noche de los comicios, participan no sólo sus miembros naturales sino delegados partidarios e incluso el público interesado, lo cual garantiza la transparencia del acto electoral. Alegan también que en este sistema se pueden solucionar situaciones inesperadas, como por ejemplo el caso de personas que no figuran en el padrón de determinado circuito a quienes se les permite votar “observado”. Del otro lado, las críticas apuntan a su primitivismo y lentitud.

Los impulsores del voto electrónico, ese que permite votar pulsando las teclas de una computadora, le otorgan gran valor a la rapidez en la revelación de los resultados electorales, basados en que no corresponde que la ciudadanía los conozca a través de las encuestadoras que trabajan con sondeos a “boca de urna” y los primeros datos surgidos de una muestra de circuitos escogidos. Según ellos debe ser la Corte la que haga el primer anuncio lo que evitaría que se cometan errores como el ocurrido en 1994 en donde expertos contratados por un canal de TV cantaron el triunfo del Frente Amplio cuando en realidad había ganado el Partido Colorado. El problema es que estos sistemas modernos exigen una mínima capacidad de las personas en el manejo del equipo y cierta familiaridad con la tecnología. Además no queda una constancia gráfica individual del voto lo que imposibilita el recuento en caso de resultados ajustados.

Así las cosas, parecería que la opción está entre dejar todo igual o modernizarse. Hay sin embargo un paso intermedio que podría aplicar la nueva Corte Electoral a integrarse el año próximo. Se trata de emplear la computadora para facilitar y agilizar el trabajo de los miembros de la mesa. De esa forma votaremos como siempre poniendo una lista en un sobre dentro del cuarto secreto y metiéndola después en la urna, pero los encargados tendrán el padrón de ese circuito electoral en pantalla en donde podrán comprobar, con foto y datos de cada persona, si el votante está habilitado. Y en vez del acta final hecha a mano la computadora les permitirá imprimir los datos finales correspondientes a esa mesa e incluso trasmitirlos en red a una central.

Esto fue lo que pretendió hacer la Corte en las elecciones internas mediante “ceibalitas” mal programadas y con los problemas de conectividad suscitados con Antel. Según un jefe de mesa aquello fue “un loquero”. Pero aun así fue una experiencia de la cual se pueden extraer lecciones positivas para no renunciar a poner la tecnología al servicio de las elecciones, o sea de la democracia.

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