Antonio Mercader
Antonio Mercader

Contaminados por el kirchnerismo

Hasta los pro kirchneristas uruguayos más recalcitrantes (que los hay, especialmente en el Frente Amplio) deberían reconocer las ventajas que tiene para Uruguay el cambio de gobierno en Argentina.

Hasta los pro kirchneristas uruguayos más recalcitrantes (que los hay, especialmente en el Frente Amplio) deberían reconocer las ventajas que tiene para Uruguay el cambio de gobierno en Argentina.

Una de ellas es la difusión de los estudios que revelaron que Gualeguaychú contamina más el río Uruguay que la planta de UPM y que evidenciaron la injusticia de la política adoptada contra nuestro país por el matrimonio Kirchner y los desaforados ambientalistas de Gualeguaychú.

Las represalias inmotivadas como los cortes del puente de Fray Bentos iniciados hace más de diez años nos causaron muchos perjuicios. Es claro que UPM, como todas las industrias, algo contamina. En este caso lo hace de manera “leve” en un río cuyas aguas ya bajan turbias por la acción de ribereños argentinos y brasileños. Una contaminación prácticamente inocua que está lejos de aquel escenario pesadillesco de la debacle ambiental en donde no faltaba la descripción de niños nacidos con dos cabezas y pestes letales causadas por la instalación de la planta de celulosa en la orilla oriental.

Al confirmarse lo que siempre aseguró nuestro país -que los efectos de UPM sobre el ambiente no eran problemáticos- las acciones de los Kirchner lucen hoy como lo que fueron realmente: inaceptables atropellos contra Uruguay. Recuerden si no al propio Néstor encabezando una manifestación en el puente entre los gritos destemplados de ecologistas mal informados. Y también los continuos desplantes de Cristina, las impertinencias del canciller Timmerman, las acusaciones que nos hicieron en La Haya y hasta la posición de aquel jefe del gabinete argentino, Alberto Fernández, que justificó a los piqueteros diciendo que al cortar un puente internacional ejercían su “derecho a expresarse”.

Si bien el compromiso de no publicar los informes ambientales por separado impidió durante largo tiempo que la verdad se conociera, el resultado del monitoreo conjunto era vox populi. Es que los supuestos perjuicios provocados por UPM formaban parte de una leyenda funcional para el kircherismo y los intereses electorales de algún gobernador de la provincia de Entre Ríos. Fue preciso un cambio de gobierno y la llegada de Mauricio Macri a la Casa Rosada para que el asunto se resolviera y se reencauzaran las relaciones entre Uruguay y Argentina.

Los detractores uruguayos de Macri, esos que lo acusan de ser un despiadado neoliberal y que siguen añorando a Cristina Kirchner, deberían reflexionar sobre el tema. Están los pro kirchneristas contaminados al estilo de aquel encumbrado dirigente del Pit-Cnt que en la costosa inauguración de una planta de Ancap (sí, la del escándalo) elogió tanto a la presidenta argentina que hasta hizo mención a sus presuntos encantos femeninos. O el propio Raúl Sendic que pregonaba su amistad con la patota de “la Cámpora” y con Axel Kicillof, el ministro argentino de Economía. Es probable que ellos sigan pensando que todo iba mejor con el kirchnerismo y con esos peronistas que, según vaticinaba el gurú José Mujica, eran electoralmente invencibles.

Los demás, los que no tienen un balde en la cabeza, se alegran al confirmar que con Macri volvió la racionalidad en las relaciones con Uruguay.

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