Antonio Mercader
Antonio Mercader

La Concertación, un parto difícil

Por la noche callada, sin grandes aspavientos, el Partido de la Concertación nació a la vida. La criatura llegó al mundo con cierto sobrepeso pues necesitaba 501 votos y al final terminó duplicando esa cifra. El parto fue difícil, con instantes de angustia, en donde pareció que ese mínimo no se alcanzaba. Es que sus creadores, los partidos Blanco y Colorado, hicieron lo posible para que naciera, pero cuidándose mucho de no desperdiciar votos para sus respectivas internas.

Por la noche callada, sin grandes aspavientos, el Partido de la Concertación nació a la vida. La criatura llegó al mundo con cierto sobrepeso pues necesitaba 501 votos y al final terminó duplicando esa cifra. El parto fue difícil, con instantes de angustia, en donde pareció que ese mínimo no se alcanzaba. Es que sus creadores, los partidos Blanco y Colorado, hicieron lo posible para que naciera, pero cuidándose mucho de no desperdiciar votos para sus respectivas internas.

La idea era que el partido naciera con lo justo y nada más. Fue así que se imprimieron unos pocos miles de listas, tan pocas que la escasez se notó a lo largo del domingo electoral cuando aspirantes a votarlo no podían hacerlo por carecer de ellas. No había listas en los recintos electorales, tampoco había distribución callejera. Conseguir una de esas papeletas color verde que distinguían al partido era una suerte de hazaña. Con cero propaganda y una interna reñida como la blanca -que podía inducir a la deserción a los pocos cientos de comprometidos a votar la Concertación- las cosas se complicaron.

Comisionados por los partidos tradicionales para ocuparse del asunto algunos ciudadanos tomaron sobre sus hombros la tarea. Lo hicieron convencidos de que algo importante se jugaba con vistas al futuro. Se trataba nada menos que de crear un partido para competir juntos -blancos y colorados- por la intendencia de Montevideo en las elecciones municipales a celebrarse en mayo del año próximo. Para lograrlo hubo que completar los trámites de rigor ante la Corte Electoral. El último requisito era recolectar ese medio millar de sufragios el domingo pasado.

Al principio pintaba fácil. Entre los candidatos a las convenciones departamentales y nacionales, con sus respectivos suplentes, en las listas figuraban más de 600 personas. Así, bajo la vieja divisa democrática "un hombre, un voto", la cifra mínima parecía asegurada de antemano. Sobre la hora, cuando llegó el alerta del "empate técnico" en el Partido Nacional, corrió el rumor de que muchos de los blancos concertados votarían en sus lemas de origen. Nervios, tensiones: con los diligentes y siempre bien dispuestos miembros del Partido Colorado no bastaba.

Felizmente llegaron refuerzos. Gente que, en principio, no estaba comprometida a votar a la Concertación acudió a las urnas. A primera hora de la tarde de la jornada electoral, Alberto Maschwitz, uno de los adalides del nuevo partido, secundado en el trabajo por toda su familia terminó de confeccionar las planillas en donde constaba el nombre de cada votante con una tilde que indicaba que efectivamente había sufragado. Ya estaban los 501 votos.

Enterado de la buena nueva, evoqué la memoria de Rodolfo "Cucho" Sienra, uno de los fundadores del grupo que alentó la creación de este Partido de la Concertación (los otros fueron Guillermo Stirling, Carlos Maggi, Francisco Faig, Adolfo Castells y Eugenio Baroffio). Con sus artículos en este diario y su proverbial facundia, Sienra batalló por la idea de aunar las fuerzas de colorados y blancos para competir con la coalición de izquierda hoy instalada en el poder. Que conste.
Así, el alumbramiento sin fórceps del nuevo partido cristaliza un plan cuya primera fase será concertarse para ganar en mayo próximo la conducción de la intendencia capitalina. Y si las cosas salen bien después iremos por más.

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