Antonio Mercader
Antonio Mercader

Cien días con poca gracia

El gobierno de Tabaré Vázquez cumple sus primeros 100 días, lapso que suele definirse como el “período de gracia” en donde los nuevos gobernantes marcan las líneas medulares de su mandato. Sorprende que este sea el gobierno que menos leyes aprobó en ese período desde el retorno de la democracia en 1985.

El gobierno de Tabaré Vázquez cumple sus primeros 100 días, lapso que suele definirse como el “período de gracia” en donde los nuevos gobernantes marcan las líneas medulares de su mandato. Sorprende que este sea el gobierno que menos leyes aprobó en ese período desde el retorno de la democracia en 1985.

Solo dos leyes en el período: la que creó municipios previo a las elecciones departamentales y la que cambió el cálculo del IRPF cuando se suman el aguinaldo y el salario vacacional.

Muy baja producción para un presidente que no puede excusarse diciendo que cumplió con mandar unos cuantos proyectos al Parlamento. En teoría, Vázquez tiene mayorías legislativas para aprobarlos y si no se votan rápidamente es porque algo está trabado en la coalición de izquierda. Si es verdad que en ese “período de gracia” suele anticiparse cómo actuará el gobierno en el futuro, apenas dos leyes y varios encontronazos indican que el presidente tiene problemas con sus legisladores, en especial con los del MPP, el sector mayoritario del Frente Amplio.

Así lo muestran las tensiones en torno al Fondes y la autogestión, el debate sobre el TISA, las divergencias alrededor de Venezuela y el griterío interno contra el ministro Fernández Huidobro entre otros diferendos. Y también lo prueban algunos dichos que ahondan la zanja entre este gobierno y su antecesor: Váz-quez comentando en Artigas que no se gobierna “con talenteos de boliche” (es obvio a quién está aludiendo), Nin Novoa aclarando que lo jurídico siempre está por encima de lo político (ídem) y Astori advirtiendo ahora (¿por qué no antes?) que el déficit es grande mientras miembros de su equipo informan que hallaron un estado de caos dejado por sus predecesores en la Torre Ejecutiva.

En resumen, “fuego amigo” contra Mujica.

Si este es el panorama en el arranque tiempos difíciles se avecinan para el país. Con una resistencia interna que no soportó en su primer mandato, Vázquez tendrá que abandonar su estilo de gobierno imperial y bajar a la arena a pelear por sus ideas. Deberá hacerlo si quiere que le voten un presupuesto quinquenal acorde a la situación del país sin pasar por la ruidosa verbena de las medidas gremiales, los paros y los reclamos al estilo del 6% del PBI para la educación ¡ya! Tendrá que negociar y llegado el caso transar para evitar que el Fondes y otros desatinos heredados se conviertan en un agujero negro permanente así como para colmar promesas de campaña como, por ejemplo, el Sistema de Cuidados (incluidas las tablets para jubilados), las mejoras para quienes cobran bajos salarios y el Sistema de Competitividad (plan para domesticar, de paso, a los entes autónomos derrochadores).

Nada de esto será fácil sin el acuerdo de Mujica y los suyos. Un Mujica que liberado de las ataduras del gobierno aparece más corrido a la izquierda con una actitud desafiante con Vázquez. Basta leer sus opiniones en su último libro-entrevista (el del escandalete con Lula) para comprobar que el expresidente considera que Vázquez “está más viejo que yo”, que “se cree eso de ser presidente”, que “usa a la gente” y que personalmente le genera desconfianza.

Si ese es el ánimo de Mujica puede augurarse qué poca gracia tendrán los años por venir.

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