Antonio Mercader
Antonio Mercader

Los candidatos y su publicidad

La próxima campaña electoral la ganará el mejor candidato, no el mejor publicitario. Vale la pena recordarlo ante la actual inflación de cotilleos sobre la publicidad de los candidatos como si de ello dependiera el resultado de las elecciones internas de junio y de las nacionales de octubre. A no engañarse. La campaña publicitaria es sólo un factor, uno más. Sobreestimar su importancia es un error no sólo de los comentaristas sino también de los candidatos.

La próxima campaña electoral la ganará el mejor candidato, no el mejor publicitario. Vale la pena recordarlo ante la actual inflación de cotilleos sobre la publicidad de los candidatos como si de ello dependiera el resultado de las elecciones internas de junio y de las nacionales de octubre. A no engañarse. La campaña publicitaria es sólo un factor, uno más. Sobreestimar su importancia es un error no sólo de los comentaristas sino también de los candidatos.

Hay demasiada novelería en la materia y un terreno fértil para creer que los consejos de un buen experto de marketing político o un afortunado spot publicitario pueden definir el resultado de las urnas. Tan inflado está este tema que hoy sabemos con exactitud quiénes componen los equipos de asesores de cada candidato, cuál es el nombre de su agencia de publicidad y qué sesgo pretende darle a sus acciones de comunicación. En tanto, carecemos todavía de datos sobre quiénes serán, por ejemplo, sus ministros clave, o los aspirantes a legisladores que lo acompañarán en su cruzada.

Una de las razones por las que ahora se habla tanto de la publicidad electoral es porque la propaganda ya comenzó de manera anticipada pese a que eso lo veda expresamente una ley de 1998. Una ley que, como tantas en nuestro país, sólo existe en el papel pues no se cumple, sólo que en este caso varios de sus flagrantes infractores son los mismos que la propusieron desde el gobierno o la votaron en el Parlamento.

Esa ley autoriza la propaganda política en los 40 días previos a las elecciones internas y 50 días antes de las nacionales. Como las internas se celebrarán el día 1º de junio, recién a mediados de abril deberíamos conocer los spots publicitarios, jingles, cartelería en vía pública y eslóganes de los candidatos. Empero, las campañas comenzaron de hecho con sus autores escudados tras el pretexto de que en ellas no piden explícitamente el voto para un candidato sino que difunden ciertas ideas o anuncian actos políticos.

Otro factor que explica esta inflación anticipada del asunto publicitario es el auge de internet y las redes sociales que aspiran a convertirse en las estrellas de la campaña. Youtube, Facebook, Twitter y otros medios de comunicación están pesando cada vez más en la opinión pública con los mensajes de los aspirantes a gobernar nuestro país. Su instantaneidad y alta penetración atraen a los buscadores de votos cuando faltan poco más de cien días para las elecciones internas.

Para los políticos ese plazo de cien días luce muy breve. De ahí que el bombardeo de mensajes —algunos de ellos con buena puntería— se haga sentir en medio de este verano lluvioso. De todos modos, no es seguro que estén formando opinión entre el común de la gente que piensa que la hora de votar está lejos todavía.

A los políticos que sienten que el tiempo apremia vaya un consejo: más les valdría no obsesionarse con la publicidad sino recordar las reglas elementales de la comunicación política. Un candidato creíble, sincero y con personalidad siempre será más valedero que cualquier eslogan. Un programa de inteligentes propuestas que apunten a resolver los problemas del país convencerán más que cualquier jingle.

Dicho de otro modo, si no hay buena materia prima que vender, no alcanza con el maquillaje que aporten los publicitarios. Así de simples son las cosas.

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