Antonio Mercader
Antonio Mercader

Astori critica la “repartija” 

Danilo Astori está desconforme con la gestión del Frente Amplio. Somos muchos los desconformes, pero en el caso del vicepresidente parece que acaba de descubrir que la izquierda selecciona mal a sus gobernantes y que no pone en los cargos a los “más capaces y mejores” sino que aplica lo que se conoce como cuota política. Tantos votos tuviste, tantos cargos te tocan, ese es el criterio impuesto por Vázquez y perfeccionado por Mujica que hoy censura Astori.

Danilo Astori está desconforme con la gestión del Frente Amplio. Somos muchos los desconformes, pero en el caso del vicepresidente parece que acaba de descubrir que la izquierda selecciona mal a sus gobernantes y que no pone en los cargos a los “más capaces y mejores” sino que aplica lo que se conoce como cuota política. Tantos votos tuviste, tantos cargos te tocan, ese es el criterio impuesto por Vázquez y perfeccionado por Mujica que hoy censura Astori.

Enviciado con la “repartija” al Frente Amplio poco le importan la capacidad de las personas, sus conocimientos y experiencia. Eso es lo que Astori denuncia de viva voz en pleno año electoral cuando la distribución de cargos empezó por dejarlo a él y a su gente afuera de la primera posición adjudicada: la candidatura a la vicepresidencia que, en atención a los votos obtenidos en la interna, fue conferida a Raúl Sendic, figura a todas luces indeseada por el astorismo.

Según Astori, para hacer una buena gestión de gobierno, hay que “desterrar de una vez por todas la distribución por cuotas sectoriales”, la regla de oro impuesta por Vázquez en 2005 cuando integró su gabinete con los líderes de los grupos más fuertes de la coalición. Después vino Mujica y la aplicó con un rigor nunca visto en el país. Así fue que en 2010 cuando tuvo que designar al titular del ministerio de Desarrollo Social debió sacar de apuro un papelito del bolsillo para leer el nombre de Ana Vignoli, la nominada por los comunistas.

Esa ministra, a la que no conocía ni de vista, le duró poco más de un año pues cayó en la crisis desatada por la muerte de seis personas sin techo durante una ola de frío. De modo similar fue designada la actual ministra de Salud Pública, Susana Muñiz, a quien tampoco conocía Mujica, y que fue instalada en su sillón por el partido de la hoz y el martillo. La cuota estipulada para los comunistas es de un cargo en el gabinete (aparte de la intendencia de Montevideo) y Mujica la respeta escrupulosamente al punto que deja que ellos elijan a quien se les ocurra.

Esto pasa con el Frente Amplio, aquel partido que en la oposición maldecía sin cesar la cuotificación política según los votos utilizada en su momento por los partidos tradicionales. Como en tantas otras cosas, los defectos que la izquierda censuraba por entonces después pretendió convertirlos en virtudes como lo hizo Vázquez al justificar el reparto milimétrico del poder que hizo durante su gobierno. Una distribución que alcanza incluso a los cargos de confianza política creados en la última década. Muchos, según denuncia ahora Astori quien dice que “lo que no se resuelve con calidad, con profesionalidad, con nivel político y técnico en la gestión, no se resuelve con cantidad”.

Caso curioso el de Astori. Cuando pontifica de esta manera uno tiende a darle la razón y a ponerse de su lado. El problema es que, a pesar de su prédica y sus extensos razonamientos expresados en monocorde tono magistral, en el Frente Amplio no le hacen el menor caso y él sigue adelante, impertérrito, como si todo marchara sobre ruedas. Es como el paradigma del viejo profesor al cual se le oye, se le toma nota y se lo ignora olímpicamente. Opaco destino para un político que alguna vez se soñó número uno de una izquierda que cada vez que puede le demuestra que lo quiere poco. Tan poco que hasta ni su cuota le respetan.

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